Apocalipsis 11
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Los dos testigos
1 Fuéme dada una caña, semejante a una vara, y se me dijo: “Levántate y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran allí” Fillion inicia el comentario de este capítulo haciendo notar que “es en él donde hallamos indicada la suerte que espera al pueblo judío” y observa que la mención del Templo de Dios (v. 2) nos muestra al Templo de Jerusalén y la operación de medir recuerda la de Ezequiel (cf. Ez. 40, 3 ss.; 41, 13; 42, 16), siendo de notar que no puede tratarse del Templo histórico, pues éste había sido destruido por los Romanos el año 70, es decir, casi treinta años antes que S. Juan escribiera el Apocalipsis. “El Templo de Dios, que hasta ahora era el templo celestial se aplica al templo de Jerusalén (v. 1); esta ciudad es llamada la Ciudad Santa (v. 2), expresión que designa a la Jerusalén celestial en 21, 2 y 10; 22, 19; asimismo se llama a Jerusalén la gran ciudad (v. 8), designación técnica de Roma (16, 19; 17, 18; 18, 10); en fin, los habitantes de la tierra (v. 10) son los Palestinos, en tanto que la expresión se aplica de ordinario al conjunto de los gentiles” (Pirot). Una caña: cf. 21, 15; Za. 2, 2 2 Mas el atrio exterior del templo déjalo fuera, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, los cuales hollarán la Ciudad Santa durante cuarenta y dos meses A los gentiles: Así lo anuncia Jesús en Lc. 21, 24, añadiendo que ello será hasta que el tiempo de los gentiles sea cumplido. Cuarenta y dos meses, espacio que corresponde a los 1.260 días del v. 3 y de 12, 6; a los tres tiempos (años) y medio de 12, 14 y a los cuarenta y dos meses de 13, 5 (cf. v. 6 y nota). Buzy, citando a Dn. 9, 27, hace notar que este hecho pertenece a la última semana de Daniel. Gelin observa igualmente que el texto viene de Dn. 7, 25 y 12, 7. Cf. Dn. 12, 11 y 12 3 Y daré a mis dos testigos que, vestidos de sacos, profeticen durante mil doscientos sesenta días Los intérpretes antiguos ven en los dos testigos a Elías y a Enoc, que habrían de venir para predicar el arrepentimiento (cf. Si. 44, 16; 48, 10; 49, 16 y notas). Hoy se piensa más bien en Moisés y Elías (Simón-Prado), los dos testigos de la Transfiguración (Mc. 9, 1 ss. y notas) que representan “la Ley y los Profetas”; y es evidente la semejanza que por sus actos tienen con aquéllos estos dos testigos (v. 5 s. y notas), siendo de notar que Moisés, según una leyenda judía que trae Josefo, habría sido arrebatado en una nube en el monte de Abar. Por otra parte, y sin perjuicio de lo anterior, Bossuet ve en los dos testigos la autoridad religiosa y la civil y en tal sentido es también evidente la relación que ellos tienen con “los dos olivos” de Zacarías , que son el príncipe Zorobabel y el sacerdote Jesús ben Josedec (véase Za. 4, 3 y 11 s.; Si. 49, 13 ss. y notas). Ello podría coincidir con los muchos vaticinios particulares sobre el “gran monarca” que lucharía contra el Anticristo de consuno con la autoridad espiritual, ya que también las dos Bestias del Apocalipsis presentan ambos aspectos: el político en la Bestia del mar (13, 1 ss.) y el religioso en el falso profeta que se pondrá a su servicio (13, 11 ss.) 4 Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están en pie delante del Señor de la tierra Los dos olivos: alusión evidente a Za. 4. Véase la nota anterior 5 Y si alguno quisiere hacerles daño, sale de la boca de ellos fuego que devora a sus enemigos. Y el que pretenda hacerles mal, ha de morir de esta manera Alusión a Elías (2 R. 1, 10 y 12) 6 Ellos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva durante los días en que ellos profeticen; tienen también potestad sobre las aguas, para convertirlas en sangre, y herir la tierra con toda suerte de plagas cuantas veces quisieren Alude igualmente a Elías, en cuyo tiempo no hubo lluvia (1 R. 17, 1) y a Moisés que convirtió el agua del Nilo en sangre (Ex. 7, 19). Algunos han pensado sin embargo que Moisés y Elías son más bien las dos alas referidas en 1 2, 14. Con respecto al primero, dice un autor que la cifra de tres años y medio (los 42 meses del v. 2) “ha tomado la significación alegórica de tiempo de crisis, sentido de tal modo tradicional que St. 5, 17 y Lc. 4, 25 se sirvieron de él para señalar la duración de una sequía que en realidad no duró sino tres años”. Notemos que el texto que narra el fin de aquella sequía en 1 R. 18, 1 se armoniza muy bien con los citados, si se entiende, según la versión más exacta, que Dios ordenó la lluvia “pasados ya muchos días del año tercero” o sea cuando estaban muy excedidos los tres años. Así lo entendieron sin duda tanto Jesús como el Apóstol Santiago al hablar de este episodio en los citados pasajes 7 Y cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará guerra, los vencerá, y les quitará la vida La bestia que sube del abismo simboliza al Anticristo y su aparición se anticipa aquí, pues sólo se tratará de ella en el cap. 13. Ello muestra de nuevo que dicho capítulo se vincula cronológicamente al presente 8 Y sus cadáveres ( yacerán ) en la plaza de la gran ciudad que se llama alegóricamente Sodoma y Egipto, que es también el lugar donde el Señor de ellos fue crucificado En la plaza: más exacto que en las plazas (Vulgata). Sodoma y Egipto, figuras del mundo enemigo de Dios, son aquí nombres dados a esa Jerusalén pisoteada (v. 2). Véase Is. 1, 10; Jr. 23, 14; Ez. 16, 46 9 Y gentes de los pueblos y tribus y lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres tres días y medio, y no permitirán que se dé sepultura a los cadáveres 10 Y los habitantes de la tierra se regocijan a causa de ellos, hacen fiesta, y se mandarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas fueron molestos a los moradores de la tierra El mundo, adulado por sus falsos profetas, se llena de júbilo creyendo verse libre de aquellos santos cuyos anuncios no podía soportar (cf. Jn. 7, 7 ; 15, 18 ss.). Pronto se verá su error, como lo demuestran las plagas que siguen 11 Pero, al cabo de los tres días y medio, un espíritu de vida que venía de Dios, entró en ellos y se levantaron sobre sus pies, y cayó un gran temor sobre quienes los vieron 12 Y oyeron una poderosa voz del cielo que les decía: “Subid acá”. Y subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos 13 En aquella hora se produjo un gran terremoto, se derrumbó la décima parte de la ciudad y fueron muertos en el terremoto siete mil nombres de hombres; los demás, sobrecogidos de temor, dieron gloria al Dios del cielo Dieron gloria: cf. 14, 7 y 16, 9. Contraste con 9, 20 s. “Se admite bastante comúnmente que este rasgo anuncia la conversión futura de los judíos, predicha de igual modo por S. Pablo en Rm. 11, 25 ss. En el Nuevo Testamento el título de Dios del cielo no aparece más que aquí y en 16, 11. Cf. Dn. 2, 18 y 44” (Fillion). Véase 7, 2 ss. y nota 14 El segundo ay pasó; ved que el tercer ay viene pronto Sobre los tres ayes véase 8, 13 y nota. Después de la intercalación que separa como siempre las unidades 6ª y 7ª de cada serie (cf. 10, 1 y nota) sigue aquí el relato interrumpido en 9, 21. Ahora, dice Pirot, “va a realizarse el misterio de Dios (cf. 10, 7), su soberanía efectiva y la del Cristo que de antemano se ha visto como cumplida”