Apocalipsis 12
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
La mujer y el dragón
El dragón vencido por San Miguel
7 Y se hizo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón; y peleaba el dragón y sus ángeles , Como dice Mons. Ballester Nieto, “esta batalla no se ha de entender la misma que narra S. Pedro (2 Pe 2, 4) que hubo en el cielo cuando la defección de Lucifer, sino una batalla que habrá en los últimos tiempos”. Entretanto el dragón (cf. v. 10 y nota) espera el momento (Is. 27, 1; Judas 6), pues “según el principio apocalíptico de retorno a los orígenes (cf. 2, 7 y nota) la lucha primordial se repetirá en los tiempos finales” (Pirot). Cf. Mt. 19, 28; Hch. 3, 21; Ef. 1, 10. A este respecto Iglesias hace notar que “todos los intentos de Satanás serán arruinar a Cristo y su obra. Toda la vida de la Iglesia será sufrir los dolores que necesita sufrir para que los tiempos mesiánicos traigan a los hombres la paz de Cristo en el reino de Cristo”. “Miguel, en hebreo Mi-ka-El (¿quién como Dios?), uno de los principales ángeles, probablemente uno dé los siete que están delante del trono de Dios (cf. 1, 4 y nota); es llamado arcángel en Judas 9; Daniel lo llama “uno de los principales jefes” (Dn. 10, 13) y dice que está especialmente encargado de los intereses del pueblo de Israel (Dn. 10, 21; 12, 1)” (Crampon). Cf. 20, 1; 1 Ts. 4, 16 y notas 8 mas no prevalecieron, y no se halló más su lugar en el cielo 9 Y fue precipitado el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama el Diablo y Satanás, el engañador del universo. Arrojado fue a la tierra, y con él fueron arrojados sus ángeles 10 Y oí una gran voz en el cielo que decía: “Ahora ha llegado la salvación, el poderío y el reinado de nuestro Dios y el imperio de su Cristo, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche Ha llegado la salvación: En el N. T., como en el Antiguo, se entiende por salvación no el día de la muerte de cada uno, sino el día de la glorificación que recibirá Cristo ante las naciones y ante Israel (Lc. 21, 28; Rm. 8, 23). Lo mismo se dice aquí de su poderío (como en 11, 15; 19, 6, etc.) en que se cumplirá la promesa del Sal. 109, 3, pues Él está ahora como Sacerdote del Santuario celestial intercediendo por nosotros (Rm. 8, 34; Hb. 7, 24 s.; 8, 1 ss.) “aguardando lo que resta” para el momento que aquí describe S. Juan (Hb. 10, 12 s.; 2, 8). Acusador: Satán significa, en hebreo, acusador o calumniador. Lo mismo significa en griego la voz diablo. De nuestros hermanos: (Mi. 5, 2; cf. Mt. 25, 40). Fillion hace notar que el ejemplo del indicativo presente en el griego señala un hecho perpetuo. Sobre este hecho véase 1 Cro. 21, 1-2; Jb. 1, 6 ss.; 2, 1 ss.; Za. 3, 1 s., etc. Es notable que el espíritu del mal no tenga en ningún idioma nombre sustantivo sino adjetivo, a la inversa de Dios, cuyo nombre es Yahvé, el sustantivo por antonomasia, o sea “El que es” (Ex. 3, 14). Es que el espíritu maligno es “el que no es”; quiere decir que no es un principio del mal que exista por sí mismo y que pueda hacer frente a Dios (como Ahrimán a Ormuzd en la religión persa de Zoroastro), sino una simple creatura rebelde a su creador. Cf. Judas 9; Za. 3, 2; Is. 14; Ez. 28, 11 ss. y notas). El misterio del gran poder de Satanás está en que el hombre se le entregó voluntariamente, prefiriendo pertenecer a él antes que a Dios (cf. Sb. 2, 24 y nota) 11 Ellos lo han vencido en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra, de la cual daban testimonio, menospreciando sus vidas hasta morir Notemos las dos armas que dan el triunfo: la Sangre del Cordero y su Palabra. Cf. Mt. 4, 10 y nota 12 Por tanto alegraos, oh cielos, y los que habitáis en ellos. Mas ¡ay de la tierra y del mar! porque descendió a vosotros el Diablo, lleno de gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo” Comienza el tercer ay. Las asechanzas de los poderes infernales crecerán, pues, y este lamento final recuerda la advertencia de 8, 13. La esencia de la historia se sintetiza durante todos los siglos en el combate que el dragón desencadena para destruir la obra de Cristo, pues desde antiguo está obrando el misterio de la iniquidad (2 Ts. 2, 7). Pero ahora es arrojado a la tierra (v. 9) y multiplicará su furor porque queda poco tiempo antes de su encierro (20, 2 s.), preludio de su derrota final también decidida (20, 9). Nos lo muestra el himno triunfal que aquí entonan los moradores del cielo (cf. 4, 8-11), en primer lugar sin duda las almas que allí clamaban en 6, 10. Dedúcese de aquí una verdad que nuestra pobre carne nos hace olvidar cada día: si el incremento del mal en la tierra es condición indispensable y preanuncio de que se acerca la venida del Señor (2 Ts. 2, 3; Mt. 24, 24; Lc. 17, 26-30; 18, 8, etc.), el espíritu, lejos de turbarse y dejarse engañar (Mt. 24, 5-6), debe alegrarse ante la dichosa esperanza que se acerca (Tt. 2, 13)El dragón continúa la persecución de la mujer
13 Cuando el dragón se vio precipitado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón s. Cf. v. 6 y nota. “No se trata de una segunda huida de la mujer al desierto. Los vv. 13 y 14 vuelven a tomar el v. 6 y lo desarrollan” (Buzy). Las dos alas del águila grande: símbolo de la protección divina (cf. Ex. 19, 4; Is. 40, 31). Algunos piensan que las dos alas, que se dan por conocidas, son dos personajes, probablemente Moisés y Elías, que representan la Ley y los Profetas. Cf. 11, 3; Os. 11, 11. Al desierto. Cf. Os. 2, 14-20; 3, 5; 6, 1-3. Fundados en estos textos de Oseas, que era un profeta del reino de Israel, algunos dicen que podría haber en esta mujer una alusión especial a esas diez tribus de la diáspora, que no habían conocido a Jesucristo porque cuando Él vino estaban ausentes por su cautiverio en Asiria (2 R. 17, 6). Cf. v. 19; 16, 12; Is. 54, 1; Ez. 37, 19 ss.; Jn. 10, 16; 4 Esd. 13, 39 ss. Por un tiempo, etc. Serían tres años y medio, el mismo lapso que se halla en el v. 6 y en 11, 2 y 13, 5. Fillion observa que la expresión es tomada de Dn. 7, 25 y que su sentido es: “hasta la Parusía de Cristo”. Cf. Dn. 12, 7 14 Pero a la mujer le fueron dadas las dos alas del águila grande para que volase al desierto, a su sitio donde es sustentada por un tiempo y ( dos ) tiempos y la mitad de un tiempo, fuera de la vista de la serpiente 15 Entonces la serpiente arrojó de su boca en pos de la mujer agua como un río, para que ella fuese arrastrada por la corriente 16 Mas la tierra vino en ayuda de la mujer, pues abrió la tierra su boca, y sorbióse el río que el dragón había arrojado de su boca 17 Y se enfureció el dragón contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús Cf. 13, 10; 14, 12, 18, 10. Merk cita aquí Gn. 3, 5 y Fillion ve asimismo una evidente alusión a dicho texto. La persecución se extendería a todos los santos (3, 7) 18 Y apostóse sobre la arena del mar . Apostóse: algunas fuentes griegas dicen apostémeCitado en 51
- Este capítulo CCC(¶1138)Munificentissimus Deus(§27)
- v. 1 Oraciones Comunes(Rosario)Preguntas(María)Ecclesia In Europa(§121
§122 Laudato si’(§241)Mulieris Dignitatem(§30)Munificentissimus Deus(§27)Redemptoris Mater(§11§123) §24 §47) - v. 2 Oraciones Comunes(Rosario)Preguntas(María)Ecclesia In Europa(§122)Evangelium Vitae(§103)Mulieris Dignitatem(§30)
- v. 3 Preguntas(María)Evangelium Vitae(§104)
- v. 4 Summa (EN)(I 63.8)Preguntas(María)Evangelium Vitae(§104)Mulieris Dignitatem(§30)
- v. 5 Oraciones Comunes(Rosario)Preguntas(María)Ecclesia In Europa(§122)
- v. 6 Summa (EN)(Suppl 77.2)Evangelium Vitae(§105)
- v. 9 CCC(¶391
¶2852) Compendio(597)Ecclesia In Europa(§122)Mulieris Dignitatem(§30) - v. 10 CCC(¶2853)Dominum Et Vivificantem(§67)E Supremi(§9)Redemptoris Missio(§16)
- v. 11 CCC(¶2853)Ecclesia In Europa(§122)
- v. 13 CCC(¶2853)
- v. 14 CCC(¶2853)
- v. 15 CCC(¶2853)
- v. 16 CCC(¶2853)
- v. 17 CCC(¶501
¶756 Evangelii Gaudium(§285)Fratelli Tutti(§278)Lumen Gentium(§6)¶757 ¶2853)