Eclesiástico 32
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Más reglas para los convites
1 ¿Te han hecho simposiarca? Por eso no te engrías; compórtate entre ellos como uno de tantos Simposiarca, textualmente rey (del convite); así se llamaba al que presidía el banquete. Le solían dar una corona de flores y una porción especial (versículo 3). Véase Juan 2, 8 2 Cuida bien de todos, y después que hayas satisfecho plenamente tu oficio, siéntate a la mesa; 3 a fin de que ellos te causen alegría, y recibas la corona, como ornamento de distinción, y obtengas la porción de honor que ellos han separado para ti 4 Tú, el más anciano, a quien toca hablar el primero, s. Conversar en la mesa era la prerrogativa de los ancianos. Los jóvenes escuchaban y solamente hablaban cuando eran preguntados (versículo 10); costumbre que todavía hoy se observa en familias cultas de Oriente (véase 6, 35 y nota). No faltaba música en los banquetes, ni Dios la condena (versículo 7 s.; 30, 22; 32, 15 y notas). En todo vemos la suavidad de Dios que mira complacido nuestro bienestar, siempre que no pongamos en ello el corazón, como hace el mundo, despertando sus celos de Padre amante (véase Salmo 105, 19 y nota) 5 habla sabia y prudentemente; más no estorbes la música 6 Donde no hay quien escuche, no eches palabras al viento; ni quieras fuera de sazón ostentar tu saber Donde no hay quien escuche: en griego: donde se escucha (la música); en hebreo: según unos: donde se bebe; según otros: donde se canta 7 Un concierto de música en un convite de vino, es semejante a un rubí engastado en oro 8 Como esmeralda engastada en un anillo de oro, así es la melodía de los cantares con el beber alegre y moderado 9 Escucha en silencio, y con tu modestia te ganarás la estimación ss. Escucha en silencio: Cf. 4, 34 y nota; Proverbios 29, 20; Santiago 1, 19. “No adelantarse a responder; no precipitarse en el hablar. Saber prestar paciente oído, señal es de fuerza y de cordura: de fuerza porque se enfrena el ímpetu; de cordura, porque se soslaya el peligro de falsear el pensamiento” (Fernández, Florilegio Bíblico IX p. 36). Hay pocas reglas tan olvidadas como ésta y la otra, que se da a los jóvenes (versículo 10 ss.), de no hablar sino excepcionalmente y excusando su juventud e ignorancia. Véase Santiago 1, 26. San Antonio decía constantemente: “Contén tu lengua”; y San Francisco de Asís: “El silencio inflama el corazón de amor a Dios.” 10 Tú, oh joven, habla si es necesario, a duras penas, en lo que a ti te toque 11 Preguntado una y otra vez, reduce a pocas palabras tu respuesta 12 En muchas cosas hazte el ignorante, y escucha, ya callando, ya también preguntando 13 En medio de los magnates no seas presumido, y donde hay ancianos no hables mucho 14 El granizo es precedido del relámpago; así el rubor es precedido de la gracia, y por tu modestia serás bien visto de todos Granizo: el griego: trueno. Como éste sea acompañado del relámpago, así el rubor, signo de modestia en el joven, va despertando simpatía y estimación hacia él 15 Llegando la hora de levantarte no te detengas; vete el primero a tu casa; allí diviértete, allí juega, ss. Muestra que los juegos y esparcimientos son lícitos a la juventud y agradables a Dios como signos de ese espíritu infantil que Él ama con predilección. De ahí que la sana alegría de los juegos aleje del pecado (30, 22) debiendo llevarnos a bendecir a Dios por su bondad (versículo 17). Todas estas reglas, que parecen profanas, son la genuina aplicación a la vida social, del espíritu del Decálogo, cuyo fiel cumplimiento haría de la tierra un paraíso. Véase 24, 22 y nota 16 y haz lo que te pluguiere, con tal que sea sin pecar, ni decir palabras insolentes 17 Y después de todo eso bendice al Señor que te creó, y que te colma de todos sus bienes