Efesios 2
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
La misericordia de Dios para con nosotros
1 También vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales en otro tiempo anduvisteis conforme al curso de este mundo, conforme al príncipe de la autoridad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de la incredulidad s. Príncipe: Así lo llama también Jesús (Jn. 14, 30 y nota) y en toda la Escritura abundan los pasajes como éste, que muestra la importancia y extrema gravedad de la doctrina revelada sobre el misterioso poder diabólico. “No se conoce el mal en su naturaleza profunda y en todas sus consecuencias más que cuando se le considera no como aislado en el mundo moral, como un vacío, una falta en relación al bien, ni siquiera únicamente como el efecto de la corrupción de la naturaleza humana, sino en su inevitable conexión con esta potencia de las tinieblas, de que la revelación nos habla sin cesar, desde el principio del Génesis hasta el fin de Apocalipsis”. Véase 6, 12; Jn. 12, 31; 14, 30; Col. 1, 13 3 Entre ellos vivíamos también nosotros todos en un tiempo según las concupiscencias de nuestra carne, siguiendo los apetitos de la carne y de nuestros pensamientos; de modo que éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás 4 Pero Dios, que es rico en misericordia por causa del grande amor suyo con que nos amó , Este vers. contiene la revelación más íntima que poseemos sobre Dios nuestro Padre, al mostrarnos, no sólo el carácter misericordioso del amor que Él nos tiene, sino también que, como hace notar S. Tomás, “Dios no hace misericordia sino por amor”. En vano buscaríamos una noción más precisa para base de nuestra vida espiritual, pues, como expresa S. Agustín según revelación del mismo S. Pablo (Rm. 5, 5), nada nos mueve tan eficazmente a devolver a Dios amor, como el conocimiento que tenemos del amor con que Él nos ama. Véase 1 Jn. 4, 16 5 cuando estábamos aún muertos en los pecados, nos vivificó juntamente con Cristo –de gracia habéis sido salvados– Cf. 1, 22 y nota. Como un muerto no puede por sí mismo volver a la vida, así tampoco el pecador es capaz de darse la nueva vida espiritual. Solamente la Redención gratuita de Cristo es causa y garantía de esa vida, que comienza en la justificación y termina en la resurrección y en la felicidad del cielo. El Apóstol rechaza así una vez más la teoría de que el hombre pueda redimirse a sí mismo, tan divulgada no solamente entre los judaizantes de entonces, sino también entre los filósofos modernos 6 y juntamente con Él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús , Nos hizo sentar en los cielos: Los miembros comparten la condición de la cabeza. Es lo que Jesús pidió para nosotros en Jn. 17, 24. Ese triunfo suyo es, pues, nuestra esperanza, dice S. Agustín, pero una esperanza anticipada: “El empleo del pretérito es muy significativo; la redención es ya como un hecho cumplido, y sólo de cada uno depende el apropiársela, respondiendo al divino gaje” (Fillion) 7 para que en las edades venideras se manifieste la sobreabundante riqueza de su gracia mediante la bondad que tuvo para nosotros en Cristo Jesús 8 Porque habéis sido salvados gratuitamente por medio de la fe; y esto no viene de vosotros: es el don de Dios ; Gratuitamente salvados: Véase Tt. 2, 14; 3, 5 ss.; Rm. 3, 24; Hch. 15, 11; Jn. 1, 17, etc 9 tampoco viene de las obras, para que ninguno pueda gloriarse Para que ninguno pueda gloriarse: Si el hombre no es el forjador de su salvación eterna, claro está que todo el que se gloría de haberse justificado por sus propios méritos, y no mediante la gracia, usurpa la gloria que sólo corresponde a Dios. Cf. 1 Co. 1, 29; Sal. 148, 13; Ez. 18, 21 y notas 10 Pues de Él somos hechura, creados ( de nuevo ) en Cristo Jesús para obras buenas que Dios preparó de antemano para que las hagamos s. De Él somos hechura: esto es, una nueva creación (Ga. 6, 15 y nota). “Cristo se ha formado en nosotros de una manera inefable y no como una creatura en otra, sino como Dios en la naturaleza creada, transformando por el Espíritu Santo la creación, o sea a nosotros mismos, en su imagen, elevándola a una dignidad sobrenatural” (S. Cirilo de Alejandría). Que Dios preparó: Nótese la suavidad de esta doctrina para las almas rectas que en todo momento desean hacer sin equivocarse la voluntad de Dios, y no buscar su propia gloria saliendo a la ventura, como campeones que se sintieran capaces de salvar a toda la humanidad, y suprimir de la tierra el sufrimiento que Dios permite. Véase la aplicación de esta doctrina en 2 Co. 8, 10 y nota. De ahí que “aun el gran mandamiento de la caridad fraternal nos hable ante todo de amar al prójimo, es decir, al que tenemos más cerca, a aquel que en cada momento ha colocado Dios a nuestro alcance como objeto de nuestra caridad . Si siempre velamos por cumplir ese deber máximo, viviremos en estado de caridad y unión con Dios (1 Jn. 4, 16), sin pretender juzgar a Dios por el espectáculo de los males del mundo, ni poner con ello a prueba nuestra fe, ya que no es éste sino un mundo malo y pasajero en el cual la cizaña estará siempre mezclada con el trigo ” (Mt. 13, 39 ss.)
Unión e igualdad de judíos y gentiles en Cristo
11 Por tanto, acordaos vosotros, los que en otro tiempo erais gentiles en la carne, llamados “incircuncisión” por aquellos que se llaman circuncisión –la cual se hace en la carne por mano del hombre– s. Por su muerte Cristo unió a judíos y gentiles, derribando el muro de la Ley que los separaba (v. 14). En la carne: lo dice para distinguirla de la circuncisión del corazón, propia del Evangelio. Véase Col. 2, 11. En este pasaje insiste S. Pablo sobre la tristísima condición en que estaríamos los que no descendemos del pueblo elegido, sin el favor que nos hizo hijos de Abrahán por la fe. Cf. Rm. 11, 17 ss 12 ( acordaos digo ) de que entonces estabais separados de Cristo, extraños a la comunidad de Israel, y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo 13 Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros los que en un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo 14 Porque Él es nuestra paz: El que de ambos hizo uno, derribando de en medio el muro de separación, la enemistad; anulando por medio de su carne El muro que representaba materialmente esta separación era la balaustrada de mármol que en el Templo separaba el atrio de los gentiles, manteniéndoles a gran distancia del altar de los holocaustos 15 la Ley con sus mandamientos y preceptos, para crear en Sí mismo de los dos un solo hombre nuevo, haciendo paz, 16 y para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo por medio de la Cruz, matando en ella la enemistad 17 Y viniendo, evangelizó paz a vosotros los que estabais lejos, y paz a los de cerca s. Los de lejos, son los paganos; los de cerca, los judíos. Por Jesucristo fueron todos llamados hacia el Padre por medio de la Iglesia, en la cual “no hay ya griego y judío” (Col. 3, 11), sino “la nueva creatura” (Ga. 6, 15) 18 Y así por Él unos y otros tenemos el acceso al Padre, en un mismo Espíritu; 19 de modo que ya no sois extranjeros ni advenedizos sino que sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios , Los extranjeros y los advenedizos (forasteros de paso) no gozaban de los derechos de ciudadanos 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús , Pocas veces meditamos en esta raíz que nuestra religión tiene en los Profetas del Ant. Testamento, y aun hay quien lo mira como un libro judío, ajeno al cristianismo, y prefiere inspirarse en las fuentes del paganismo greco-romano, que dieron lugar a u n humanismo anticristiano. Pío XI condena rigurosamente esa ideología en la Encíclica “Mit brennender Sorge”. “¿Se atrevería alguien a negar que el cristianismo tiene mucho más que ver con el Ant. Testamento que con la filosofía griega y el derecho romano? Nadie, sin duda. Pero ¿somos consecuentes con esta verdad?”. “Muchos son, decía un célebre predicador, los que se indignarían si les dijesen que la Biblia no es verdaderamente un Libro divino y defenderían apasionadamente su autenticidad. Y entonces, ¿por qué no la estudian?”. Entre los apóstoles y profetas se comprende tanto los del Ant. Testamento (Lc. 24, 25; Hch. 3, 18 y ss.; 10, 43; Rm. 16, 26, etc.; y especialmente, 2 Pe. 1, 19 y 3, 1) como los del Nuevo (3, 5; 4, 11; Hch. 13, 1; 15, 22 y 32; 1 Co. 12, 10 y 29; 13, 2, etc.). Debe, sin embargo, considerarse la opinión del P. Joüon y otros, según los cuales el Apóstol se refiere aquí a estos últimos como en 3, 5 y 4, 11, pues envuelve en el mismo artículo a apóstoles y profetas y cita después a éstos como para evitar que sean confundidos con los profetas antiguos. Cf. 1 Co. 14, 39; Didajé XI. Piedra angular (Mt. 21, 42; Hch. 4, 11; 1 Co. 10, 4 y nota). Se trata aquí de Jesús como coronamiento de la Revelación (Hb. 1, 1 s.) y cabeza de la Iglesia que es el cuerpo Suyo (1, 22; 4, 16). Véase 1 Pe. 2, 4 ss. S. Jerónimo, recordando sin duda ese pasaje de S. Pedro, dice: “Para ser parte de este edificio has de ser piedra viva, cortada por mano de Cristo” 21 en quien todo el edificio, armónicamente trabado, crece para templo santo en el Señor Todo el edificio... trabado: parece indicar, según observa el Cardenal Faulhaber, que, como la Piedra angular (v. 20) o “llave de bóveda” sustenta la unión de ambos muros en el vértice superior, así en Cristo se juntan los judíos y los gentiles (v. 14 ss.) 22 En Él sois también vosotros coedificados en el Espíritu para morada de Dios . Es decir, que también con respecto a cada uno, individualmente, es Jesús a un tiempo el coronamiento y el “fundamento único” sobre el cual podemos edificar y arraigar (1 Co. 10, 4 y nota; Col. 2, 7)Citado en 246
- v. 1 Summa (EN)(I-II 72.6)Ad Gentes(§14)
- v. 2 Summa (EN)(II-II 14.3)Ad Gentes(§14)Reconciliatio Et Paenitentia(§14)
- v. 3 CCC(¶2515)Summa (EN)(I-II 81.1
III 2.12) Divinum Illud Munus(§9)Miserentissimus Redemptor(§5)Mystici Corporis Christi(§6§12) - v. 4 CCC(¶211
¶654 Compendio(40)Summa (EN)(III 1.5¶1073) III 46.1 Dives In Misericordia(§1III 58.4 III 87.2) §2 E Supremi(§15)Ecclesia In Europa(§105)Familiaris Consortio(§58)Haurietis Aquas(§10§3) §20 Misericordiae Vultus(§1)Pastores Dabo Vobis(§48)Reconciliatio Et Paenitentia(§10§37) §22) Veritatis Gaudium(§4)Veritatis Splendor(§120) - v. 5 CCC(¶654)Summa (EN)(III 1.5
III 87.2) Dilexit Nos(§77)Dives In Misericordia(§1) - v. 6 CCC(¶1003
¶2796) Summa (EN)(III 58.4)Dilexit Nos(§77)Lumen Gentium(§7)Sacrosanctum Concilium(§6) - v. 7 Haurietis Aquas(§17
§29 §62) - v. 8 Summa (EN)(I 111.1
I-II 63.2 Preguntas(Fe y obras)Evangelii Gaudium(§161II-II 1.7 II-II 4.6 II-II 5.2 II-II 6.1) §162) Evangelii Nuntiandi(§27)Lumen Fidei(§19) - v. 9 Summa (EN)(II-II 6.1)Preguntas(Fe y obras)Arcanum Divinae(§4)Evangelii Gaudium(§161
§162) - v. 10 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(258)Summa (EN)(I-II 110.2)Preguntas(Fe y obras)Dilexit Nos(§77)Redemptor Hominis(§18)Sacramentum Caritatis(§74)Veritatis Splendor(§120)
- v. 12 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(431)Spe Salvi(§2
§23 Summi Pontificatus(§33)Ut Unum Sint(§84)§27 §44) - v. 13 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(431)Dilexit Nos(§77)Fides Et Ratio(§70)Pacem, Dei Munus Pulcherrimum(§15
§19) Summi Pontificatus(§33)Ut Unum Sint(§84) - v. 14 CCC(¶2305)Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(431
491) Summa (EN)(III 35.8)Africae Munus(§8§28 Christifideles Laici(§42§99) §52) Ecclesia In Africa(§79)Ecclesia In Asia(§13)Ecclesia In Europa(§105)Ecclesia In Medio Oriente(§10)Evangelii Gaudium(§229§239) Fides Et Ratio(§70)Gaudete Et Exsultate(§121)Mystici Corporis Christi(§13§31 Nostra Aetate(§4)Pacem in Terris(§90§32) §168 Reconciliatio Et Paenitentia(§7§169) §10 Redemptoris Missio(§11)Redemptoris Nostri Cruciatus(§8)Rosarium Virginis Mariae(§6§35) §40) Sacramentum Caritatis(§49§89) Ut Unum Sint(§5)Verbum Domini(§102) - v. 15 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(431
491) Summa (EN)(I-II 99.1I-II 102.1) Africae Munus(§8§20 Evangelii Nuntiandi(§2)Mystici Corporis Christi(§12§99) §13 Nostra Aetate(§4)Pacem in Terris(§90§28 §29 §31 §32) §168 Reconciliatio Et Paenitentia(§7§169) §10) Redemptor Hominis(§18)Ut Unum Sint(§5) - v. 16 CCC(¶2305)Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(431
491 Africae Munus(§8493) §20 Ecclesia In Africa(§79)Gaudium et Spes(§3§99) §74 Mystici Corporis Christi(§13§76 §78) §31 Nostra Aetate(§4)Pacem in Terris(§90§32) §168 Reconciliatio Et Paenitentia(§7§169) §10) Redemptor Hominis(§7§18) Ut Unum Sint(§5) - v. 17 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(431)Africae Munus(§8
§99) Pacem in Terris(§90§168 Unitatis Redintegratio(§2)Vita Consecrata(§96)§169) - v. 18 CCC(¶51)Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(431)Africae Munus(§8)Catechesi Tradendae(§29)Dei Verbum(§2)Dilexit Nos(§77)Dominum Et Vivificantem(§25
§52) Lumen Gentium(§4)Mulieris Dignitatem(§3)Redemptoris Custos(§5)Unitatis Redintegratio(§2) - v. 19 CCC(¶756)Summa (EN)(I-II 63.4)Arcanum Divinae(§8
§10) Casti Connubii(§1§13) Evangelii Praecones(§12§59 Fides Et Ratio(§70)Incarnationis Mysterium(§5§62) §6) Lumen Gentium(§6)Mediator Dei(§17§19 §27) - v. 20 CCC(¶756
¶857) Compendio(174)Ad Gentes(§9)Ecclesia de Eucharistia(§27)Lumen Gentium(§6§19) Mediator Dei(§17§19 Mystici Corporis Christi(§41§27) §89 Sempiternus Rex Christus(§31)Summi Pontificatus(§70§91) §71) Unitatis Redintegratio(§2) - v. 21 CCC(¶756
¶797) Dilexit Nos(§77)Lumen Gentium(§6)Mediator Dei(§17§19 Mystici Corporis Christi(§3§27) §7) Sacrosanctum Concilium(§2)Satis Cognitum(§32) - v. 22 CCC(¶756)Dilexit Nos(§77)Lumen Gentium(§6)Mediator Dei(§17
§19 Mystici Corporis Christi(§3§27) §7) Presbyterorum Ordinis(§11§22) Sacrosanctum Concilium(§2) - v. 25 Africae Munus(§52)
- v. 27 Marialis Cultus(§22)
- v. 28 Africae Munus(§52)
- v. 29 Africae Munus(§52)