Ester 5

Las ediciones de aquí ordenan este libro de manera distinta, así que un mismo número de capítulo y versículo designa un texto distinto en cada una.

El convite de Ester

Al tercer día, Ester se vistió de reina y se presentó en el atrio interior del palacio del rey, delante de la sala del rey. Estaba el rey sentado sobre el trono de su reino, en la sala del rey, frente a la entrada de la sala Al comienzo de este capítulo debe leerse el suplemento capítulo 15, 4-19 Cuando el rey vio a la reina Ester parada en el atrio, halló ésta gracia a sus ojos; y extendió el rey el cetro de oro, que tenía en la mano, hacia Ester, la cual acercándose tocó la punta del cetro
Ester ante el rey
Al tercer día dejó los vestidos de penitencia y se vistió con todas sus galas Y así, brillando con el esplendor de los aderezos de reina, e invocando a Dios, que es el árbitro y salvador de todos, tomó consigo dos de sus criadas, Los versículos 4-19 han de intercalarse al principio del capítulo 5
Ester ante el rey
apoyándose sobre una de ellas, como que por la suma delicadeza y debilidad no podía sostener su cuerpo La otra criada iba detrás de su señora, llevándole la falda que arrastraba por el suelo Ella, empero, con el color de rosa en su rostro, y con la gracia y brillo de sus ojos, ocultaba la tristeza de su corazón, oprimida por un excesivo temor Pasó una por una todas las puertas, hasta que llegó a la presencia del rey, en donde éste se hallaba sentado sobre el solio de su reino, vestido con las vestiduras reales y reluciente de oro y pedrería, pero de un aspecto que causaba terror Cuando él alzó la vista y manifestó en sus ojos encendidos el furor de su pecho, la reina se desmayó, y mudándose su color en palidez, dejó caer su fatigada cabeza sobre la criada Entonces Dios trocó la ira del rey en dulzura, y apresurado y temeroso saltó del trono, y sosteniéndola con sus brazos hasta que volvió en sí, la acariciaba con estas palabras: Se nos enseña aquí la fuerza de la debilidad, a la cual nada niega el rey. Véase Lucas 1, 48-49; II Corintios 12, 10. La debilidad venía del ayuno, pero precisamente por ello Dios la hizo hallar gracia. “La que ayunó tres días, dice San Ambrosio, gustó al rey y obtuvo lo que pedía, la salvación de su pueblo. Entretanto Amán, sentado en un regio festín, en medio de su intemperancia, pagó la pena que su embriaguez merecía” “¿Qué tienes, Ester? Yo soy tu hermano, no temas No morirás, porque esta ley fue puesta para todos los demás, pero no para ti ss. Se aplica en sentido típico a la Virgen por estar ella exenta del pecado original, al cual están sometidos todos los demás mortales. Cf. 2, 17; 4, 11: 8, 6 Acércate y toca el cetro.” Y como ella no hablase, tomó él el cetro de oro, y poniéndoselo sobre el cuello la besó, diciendo: “¿Por qué no me hablas?” Entonces ella respondió: “Te he visto, señor, como a un ángel de Dios, y ante el temor de tu majestad quedó conturbado mi corazón La comparación con un Ángel es expresión de extraordinario respeto (véase II Reyes 14, 17; 19, 27) Porque tú, señor, eres en extremo admirable, y tu rostro está lleno de gracias.” Mientras decía esto se desmayó de nuevo, quedando casi exánime, por lo cual el rey se acongojaba, y todos sus ministros consolaban a Ester. Cf. 8, 1 y nota sobre el carácter de Asuero, para apreciar mejor esta milagrosa transformación, obra de Dios, quien gobierna los corazones. Cf. Proverbios 21, 1; Salmo 39, 5s.; Jeremías 10. 23; Hechos 5, 34-39 Y le dijo el rey: “¿Qué quieres, reina Ester? ¿Y cuál es tu petición? Aunque fuera la mitad del reino te será concedida.” La mitad del reino: Esto dice el rey más poderoso de aquel entonces. Jesús, el Rey de los reyes y Señor de los señores (Apocalipsis 19, 16) no nos promete solamente la mitad de su reino, sino el reino entero y su propia persona Ester respondió: “Si al rey le place, venga el rey hoy con Amán al banquete que le tengo preparado.” Entonces dijo el rey: “Traed en seguida a Amán, para hacer lo que dice Ester.” Y fueron el rey y Amán al banquete que Ester había preparado En el banquete de vino preguntó el rey a Ester: “¿Cuál es tu petición, pues te será concedida? ¿Y cuál es tu deseo? Aunque pidieres la mitad del reino te será otorgada.” Respondió Ester y dijo: “He aquí mi petición y mi deseo: Si he hallado gracia a los ojos del rey, y si place al rey cumplir mi petición y mi deseo, venga el rey, con Amán, al banquete que voy a hacerles; y mañana daré al rey la respuesta que pide.” Aquel día salió Amán gozoso y alegre de corazón; pero cuando vio a la puerta del rey a Mardoqueo, que no se puso de pie, ni siquiera se movió en su presencia, se llenó de cólera contra Mardoqueo La conducta de Mardoqueo, aunque parece imprudente, obedece al mandamiento de no adorar a nadie sino a Dios. ¡Cuántas veces la intrepidez de los santos ha superado la justicia y soberbia de los poderosos del mundo! Cf. 3, 2 y nota; 15, 4-19; Hechos 4, 19; 5, 29
Amán intenta matar a Mardoqueo
Sin embargo, Amán se dominó y fue a su casa. Luego envió a llamar a sus amigos, y a Zares, su mujer; y les habló Amán de la grandeza de sus riquezas, de la multitud de sus hijos y de todas las distinciones que el rey le había conferido, y cómo le había elevado sobre todos los príncipes y servidores del rey Y agregó Amán: “Aun la reina Ester no ha llamado a ningún otro al banquete que dio al rey, sino a mí; y también para mañana estoy convidado por ella con el rey Mas todo esto no me satisface mientras vea al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey.” “¡Qué poco basta para amargar todas las vanas satisfacciones que halla el soberbio y ambicioso, en lo que da fomento a su soberbia y ambición...! Dios hace que el orgullo mismo sea la pena y tormento del orgulloso, por la impaciencia, despecho, cólera y deseos de venganza que este pecado enciende en su corazón” (Scío) Zares, su mujer, y todos sus amigos le dijeron: “Que se haga una horca de cincuenta codos de altura, y mañana habla al rey para que Mardoqueo sea colgado en ella. Entonces irás gozoso con el rey al banquete.” La propuesta agradó a Amán, e hizo preparar la horca. Suplicio igual al que vimos en 2, 23. En 7, 9 s. veremos cuan otro fue el destino de este patíbulo