Ezequiel 24
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Sitio y caída de Jerusalén
1 El año noveno, en el mes décimo, el día diez del mes, recibí de Yahvé esta palabra: El año noveno del cautiverio del rey Jeconías, esto es, en 588, cuando reinaba aún Sedecías en Jerusalén. Véase IV Reyes 25, 1; Jeremías 39, 1; 52, 4 2 Hijo de hombre, pon por escrito la fecha de este día, de este mismo día; pues precisamente en este día el rey de Babilonia se ha echado sobre Jerusalén 3 Y propón una parábola a la casa rebelde, y diles: Así habla Yahvé, el Señor: ¡Pon la caldera, ponla, y echa agua en ella! ss. En esta parábola la caldera simboliza a Jerusalén; la carne a los habitantes; lo escogido, a los príncipes; los huesos, el ejército; el fuego, el sitio de la ciudad; el fuerte hervor, los sufrimientos de aquel asedio 4 Mete en ella sus trozos, todos los trozos buenos, la pierna y la espalda y llénala de huesos selectos 5 Toma lo más escogido del rebaño, y quema también huesos debajo de ella; haz que (todo) hierva bien y que se cuezan hasta los huesos dentro de ella 6 Por eso, así dice Yahvé, el Señor: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, de la caldera llena de herrumbre, y de la cual no sale el orín! ¡Saca trozo por trozo, sin echar sobre ella suertes! La herrumbre significa las iniquidades del pueblo judío. Ezequiel ha de sacar de la caldera las carnes y los huesos, pedazo por pedazo, sin echar suertes sobre ellos. El simbolismo es: Dios no perdonará la vida a los sitiados, ni siquiera se echarán suertes como se suele hacer en la guerra para perdonar a algunos 7 Porque hay sangre en medio de ella; sobre la piedra desnuda ella la derramó; no la derramó en la tierra, no la cubrió con polvo, s. Hay aquí una ironía de gran fuerza dramática. La sangre, aun de los animales, era cosa sagrada en Israel (Deuteronomio 12, 23), por lo cual, cuando se mataba alguno de los que era lícito comer, se debía verter la sangre sobre la tierra para que fuese absorbida (Deuteronomio 12, 24), o cubrirla con tierra (Levítico 17, 13). Pues bien, Israel, en sus homicidios, no cuidaba siquiera de hacer con la sangre humana lo que estaba ordenado para la sangre de las bestias, y de ahí que Dios lo castigará de igual modo, haciendo que la sangre israelita caiga sobre las piedras (versículo 8) y quede visible como escarmiento. Cf. Job 16, 19; Isaías 26, 21 8 para suscitar (mi) ira, a fin de que Yo tome venganza. Por eso derramaré su sangre sobre la piedra desnuda, para que no se cubra 9 Por eso, así dice Yahvé, el Señor: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! También Yo haré una grande hoguera 10 ¡Amontona la leña, enciende el fuego, cuece la carne, haz hervir el caldo, y quémense los huesos! 11 Después pondrás sobre las brasas la (caldera) vacía para que se caliente, y para que se derrita su cobre y se deshaga en ella su suciedad y desaparezca su herrumbre La caldera vacía representa a Jerusalén después de la caída, o sea después de exterminados sus habitantes. Entonces la ciudad misma también será entregada a las llamas como para purificarla completamente de sus inmundicias (San Gregorio Magno). Mas ni aun así se quitará ese sarro que, por su fortísimo apego a las paredes de la caldera, es una figura sumamente gráfica (versículo 6) del afecto al pecado, que sólo se quita con el amor. Cf. Apocalipsis 9, 21; Juan 14, 23 s 12 Trabajo inútil. No sale de ella su mucha herrumbre. ¡Quédese en el fuego su herrumbre! 13 Es digna de execración tu suciedad; pues he querido limpiarte, pero tú no te limpiaste, por esto tu inmundicia no se limpiará hasta que Yo desfogue en ti mi saña San Jerónimo ve en esta amenaza el castigo que los judíos sufrirán cuando rechacen al Mesías 14 Yo, Yahvé, he hablado. Ya se cumplirá, pues Yo lo ejecutaré. No aflojaré, no perdonaré ni me arrepentiré. Según tus caminos y según tus obras se te juzgará”, dice Yahvé, el Señor