Ezequiel 43
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
El señor vuelve al Templo
1 Me trasladó después a la puerta que mira hacia el oriente; Al encabezar su comentario sobre esta sección de la Profecía (43, 1; 46, 24), bajo el título “El nuevo culto”, Fillion expresa lo siguiente: “El profeta nos hace ante todo asistir a un episodio grandioso: la entrada de Yahvé en el Templo así reconstruido. Compárese, como contraste, los relatos de 10, 18 ss.; 11, 22 ss. Volviendo a tomar posesión del Santuario, el Señor muestra que ha perdonado enteramente a Israel y que quiere restablecerlo sobre una nueva base.” Llama la atención que este solemne retorno de la Gloria de Dios al Templo, como cuando entró en el Tabernáculo (Éxodo 40, 34 s.) y en el Templo de Salomón (III Reyes 8, 10 s.), no se encuentre en la Sagrada Escritura con respecto al segundo Templo. La explicación está en que aquel templo había de ser también destruido, por predicción del mismo Señor Jesús (cf. Ageo 2, 10 y nota; Daniel 9, 27) 2 y he aquí que la gloria del Dios de Israel venía del oriente. Su voz era como el estruendo de una gran mole de aguas; y la tierra resplandecía de su gloria Venía del oriente: Cf. 11, 23. Alguien observa que del norte viene siempre la ira, y del oriente la salvación. En Zacarías 3, 8, según la Vulgata y los Setenta, se llama al Mesías “mi Siervo el Oriente”, y así también el anciano Zacarías en Lucas 1, 78 (cf. Malaquías 4, 2). El hebreo reza allí: “El Pimpollo” (cf. 34, 29 y nota), aludiendo, dice Crampón, a que Él es “el vástago por excelencia de la familia de David, de la que Él debe operar el restablecimiento”. Cf. Lucas 1, 32 ss.; Hechos 1S, 16; Amós 9, 11 y notas. El gran misterio está en comprender cómo Jesús puede ser llamado autor de ese restablecimiento, no habiendo los judíos aceptado al Mesías. En tales casos hay que recordar las palabras del profeta Zacarías: “Si lo que anuncio parece difícil... ¿acaso será difícil para Mí?, dice el Señor de los ejércitos” (Zacarías 8, 6). Cf. 41, 26 y nota; Romanos 11, 25 ss. De una gran mole de aguas: el ruido de las alas de los Querubines. Cf. 1, 24; 3, 12 3 El aspecto de la imagen que veía era como la que vi cuando Él vino para destruir la ciudad. Todo lo que veía era semejante a la visión que tuve junto al río Cobar; y póstreme sobre mi rostro Cuando Él vino para destruir: cf. capítulos 9-12. Junto al rio Cobar: cf. 1, 1 ss 4 Y la gloria de Yahvé entró en la Casa, por la puerta que mira hacia el oriente 5 Entonces me levanto el Espíritu, y me llevó al atrio interior; y vi cómo la gloria de Yahvé llenaba la Casa 6 Y oí cómo alguien me hablaba desde la Casa, y aquel varón estaba parado junto a mí Aquel varón: No parece ser otro que el ángel del capítulo 40, 3 ss., que aquí habla en primera persona como representando a Dios 7 Y me dijo: “Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono y el lugar de las plantas de mis pies, donde moraré entre los hijos de Israel para siempre. La casa de Israel, ellos y sus reyes, no contaminarán más mi santo Nombre con sus idolatrías, con los cadáveres de sus reyes y con sus lugares altos ss. Sobre esta reiterada promesa véase 20, 40; 37, 26 ss.; 40, 2 y nota; 44, 5; Tobías 13, 12 ss.; Salmo 98, 2-5; 131, 7-14; Isaías 24, 23; 60, 13; Miqueas 4, 7; Jeremías 3, 17 y nota, etc. Fillion la interpreta aquí citando este último texto de Jeremías, y diciendo: “En calidad de rey del nuevo Israel, el Señor consiente en establecer su trono en Jerusalén y en el templo de una manera permanente.” Scío y otros autores antiguos insistían en interpretar esta profecía literalmente “de la renovación del Templo por Esdras y Zorobabel”. Los modernos han advertido que no puede aplicarse tales promesas a un templo cuya destrucción anunció personalmente Jesús (Mateo 24, 1 ss.); de donde Él arrojó a los mercaderes (comparar Zacarías 14, 21); donde no hubo la paz prometida por Ageo 2, 10 (cf. Hebreos 12, 26), etc. Con los cadáveres de sus reyes (cf. versículo 9). Algunos traducen (según la Vulgata): las ruinas de sus reyes ; otros, los crímenes de sus reyes, según los Setenta. Los expositores autorizados entienden que aquí se suprime la inhumación en el templo, que quizá se practicó alguna vez aunque no consta en la Escritura. Véase Sabiduría 14, 15 ss., donde se muestra cómo el culto de los muertos llegó a ser idolatría. Quizá podría también tratarse aquí de agoreros que los reyes de Judá habían instituido para ofrecer sacrificios en los altos, y que fueron exterminados en la reforma de Josías (IV Reyes 23, 5-9) 8 Pusieron su umbral junto a mi umbral, y los postes de su puerta junto a los postes de mi puerta, de suerte que sólo la pared estaba entre Mí y ellos; y contaminaron mi santo Nombre con las abominaciones que cometieron; por eso los he consumido en mi ira 9 Ahora arrojarán lejos de Mí sus idolatrías y los cadáveres de sus reyes, y habitaré en medio de ellos para siempre 10 Tú, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel este Templo, para que se avergüencen de sus iniquidades, y tomen medida de las construcciones 11 Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, muéstrales la imagen de la Casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, toda su estructura y todas sus disposiciones, toda su forma y todas sus leyes; y ponlo por escrito delante de sus ojos, para que guarden todas sus disposiciones y todas sus leyes y las pongan en práctica Y las pongan en práctica: Cf. versículo 18; 44, 5 y nota. El profeta tiene que ponerlo todo por escrito para que no puedan excusarse diciendo: nadie nos ha instruido 12 Ésta es la ley de la Casa sobre la cumbre del monte: Todo su territorio a la redonda será santísimo. He aquí que ésta es la ley de la Casa.”