Génesis 38
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Hijos de Judá
1 En aquel tiempo se separó Judá de sus hermanos, y bajando llegó a un adullamita que se llamaba Hirá “Moisés interrumpe aquí la narración de los hechos de José, para dar lugar a la historia y genealogía de Judá, antes que a la de los otros hermanos. En primer lugar, porque de Judá, por medio de Tamar, había de nacer el Salvador del mundo. Y en segundo lugar, para que los judíos no menospreciasen a los gentiles, puesto que la tribu de Judá, que era la más noble de todas, descendía de los cananeos por medio de una mujer gentil” (Scío). El P. Páramo completa este pensamiento, llamando la atención sobre el hecho de que en la genealogía de Cristo se haga mención de Tamar (y de Rahab y Betsabee), “para confundir la soberbia de los hombres y hacer ver que el misterio de la Redención fue obra toda de la misericordia de Dios, y para alentar al mismo tiempo a los gentiles”. “Adullamita”: de Odollam, lugar situado al suroeste de Belán. Cf. Josué 15, 35; I Reyes 22, 1 2 Allí vio Judá a la hija de un cananeo, llamado Súa; la tomó (por mujer) y se llegó a ella; 3 la cual concibió y dio a luz un hijo, a quien llamó Er 4 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Onán 5 Volvió a dar a luz un hijo, a quien llamó Selá. Estaba en Quesib cuando dio a luz 6 Ahora bien, tomó Judá para Er, su primogénito, una mujer que se llamaba Tamar 7 Pero Er, el primogénito de Judá, era malo a los ojos de Yahvé, y Yahvé le quitó la vida 8 Entonces dijo Judá a Onán: “Llégate a la mujer de tu hermano, y cumple con ella tu deber de cuñado, suscitando descendencia a tu hermano.” Vemos aquí una institución según la cual el cuñado tenía que casarse con la viuda de su hermano, si éste moría sin dejar hijos. La institución recibió el nombre de levirato (levir = cuñado). Los hijos nacidos del matrimonio del levirato eran considerados como hijos del hermano difunto. Véase Deuteronomio 25, 5 9 Mas Onán, sabiendo que la descendencia no había de ser suya, siempre que se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba en tierra, para no dar prole a su hermano Enseña esta narración que el uso del matrimonio sin querer tener hijos provoca el castigo de Dios (v. 10), por ser un pecado contra la naturaleza. Este castigo se cumple también hoy en las familias contagiadas por el onanismo, vicio que de Onán trae su nombre. Dios no los hace desaparecer tan rápidamente como Onán, los abandona más bien a la comodidad, a los placeres de la vida y a las pasiones vergonzosas (Romanos 1, 26), de modo que degeneran sin remedio, extirpándose a sí mismos. Nótese que el móvil de Onán no fue tan perverso como el del maltusianismo de hoy, por lo cual éste es aun más detestable. Tenemos en este episodio un ejemplo de pedagogía divina, que envuelve los preceptos morales en historias. Hay un caudal de verdades morales que de esta manera nos han sido transmitidas en la Biblia. “Dictada por Dios principalmente, con un fin religioso, es decir, santificador, prepondera en ella la verdad normativa a la de simple especulación… Pero la misma enseñanza moral suele darse en historias, y éstas se convierten en regla viva, en moral ‘vivida’, como hoy se dice, cuyas reglas se graban profundamente en el espíritu de los oyentes” (Cardenal Gomá, Biblia y Predicación, pág. 118) 10 Lo que hacía, era malo a los ojos de Yahvé, por lo cual lo mató a él también 11 Dijo entonces Judá a Tamar, su nuera: “Quédate como viuda en casa de tu padre, hasta que sea mayor mi hijo Selá”, porque se decía: “No sea que muera también él, como sus hermanos.” Se fue, pues, Tamar, y habitó en casa de su padre