Habacuc 3
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Cántico de Habacuc
1 Oración de Habacuc, profeta. Un ditirambo El Cardenal Gomá caracteriza este capítulo como un “fragmento eminentemente poético, uno de los más hermosos himnos de la Biblia. En él expone el profeta, como en los capítulos 1 y 2 de su libro, pero en forma nueva, los juicios divinos que pesan sobre los impíos, y los favores celestes que caen en abundancia sobre el pueblo privilegiado” (Salterio, pág. 398). Un ditirambo. Los Setenta traducen: sobre instrumentos de cuerda . Vulgata: por las ignorancias 2 He oído tu anuncio, oh Yahvé, y quedé lleno de temor. ¡Ejecuta, Yahvé, tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer! ¡En tu ira no te olvides de la misericordia! Según San Agustín y otros santos Padres, este versículo se refiere al Mesías. La primera parte expresa el temor que sintió el profeta cuando Dios le dio el anuncio (la visión); la segunda encierra la súplica de llevar a cabo la obra de la liberación de su pueblo en medio de los años establecidos, es decir, pronto. Es una profecía mesiánica, siendo la liberación del pueblo de la mano de los caldeos una figura de la definitiva que debía traer el Mesías. En lugar de en medio de los años, los Setenta trasladan: Tú te darás a conocer en medio de dos animales ; lección que, en combinación con Isaías (1, 3) dio jugar a la opinión de que Cristo habría nacido en el pesebre entre dos animales. La Liturgia ha adoptado la versión de los Setenta, rezando en el Responsorio de la cuarta lección de los Maitines de Navidad: “¡Oh gran misterio y admirable arcano: los animales ven al Señor nacido reclinado en el pesebre!”, y en el Responsorio de la sexta lección de la fiesta de la Circuncisión: “En medio de dos animales, yace en un pesebre y resplandece en los cielos.” Esta versión de la profecía de Habacuc dio origen a la costumbre cristiana de poner en el pesebre dos animales, un buey y un asno. Los Evangelios guardan silencio al respecto 3 Viene Dios desde Temán, y el Santo del monte Farán. Sélah. Su majestad cubre los cielos, y la tierra se llena de su gloria El Señor accede al pedido de su siervo y desciende del cielo para hacer la obra de la liberación. Temán: región de Idumea que está al sur de Palestina. Farán significa esa misma región situada al norte de la península del Sinaí. Aquí y en los versículos 9 y 13 el hebreo usa, por única vez fuera de los Salmos, la nota Sélah , que según algunos es signo musical de pausa o acentuación, y según otros es como un subrayado que acentúa la trascendencia del pasaje, como cuando Jesús añadía: “En verdad, en verdad os digo”, o “Quien tiene oídos oiga”. El profeta alude a la peregrinación del pueblo por el desierto y a la teofanía del Señor en el Sinaí. Véase Éxodo 19, 16 ss.; Deuteronomio 33, 2; Jueces 5, 4; Salmo 17, 8-16; 67, 8 ss.; Nahúm 1, 3 ss 4 Resplandece como la luz, y de su mano salen rayos, en los cuales se esconde su poder Rayos: literalmente: cuernos. El cuerno es símbolo del poder y de la fortaleza de Dios- De ahí la expresión “cornu salutis” en Salmo 17, 3. Cf. II Reyes 22, 3 5 Delante de Él va la peste, y a su zaga la fiebre ardiente La peste (Vulgata: la muerte): uno de los azotes que el Señor tiene en su mano. Fiebre ardiente (Vulgata: el diablo). Estos símbolos dan a entender que Dios desciende para hacer juicio, como se ve en todo el contexto. De ahí que este capítulo haya sido llamado pequeño apocalipsis y ningún autor moderno lo identifique con la primera venida de Jesús humilde y doliente 6 Se para y hace temblar la tierra, echa una mirada y sacude las naciones. Se quebrantan los montes de la eternidad, se deshacen los collados antiguos; suyos son los senderos eternos Se para, etc.: “Como un general que se detiene para examinar y medir las fuerzas del enemigo, así Dios observa y mide atento la tierra que va a juzgar” (Fillion). Sacude las naciones: Véase Joel 3, 1 ss. y notas. Esto parece posterior al terrible juicio sobre Edom (Abdías 16-18), pues de allí viene el Señor (versículo 3 y nota) y trae en sus vestiduras sangre de la ciudad edomita de Bosra (Isaías 63, 1 ss. y nota). Más culpables aún que los gentiles son los malos hermanos, los envidiosos hijos de Esaú. Véase la breve profecía de Abdías y su comentario. Los montes de la eternidad: Cf. Génesis 49, 26; Deuteronomio 33, 15; Ezequiel 36, 2. Suyos son los senderos eternos. Alusión a los designios eternos que Dios viene a cumplir como en los tiempos antiguos de la historia de Israel 7 Afligidas veo las tiendas de Cusán; tiemblan los pabellones del país de Madián Los países de Cusán (Etiopia) y Madián, situados el uno al sur, el otro al norte del Sinaí, son representantes de las naciones atemorizadas por la venida del Juez. Como se ve, describe el profeta la aparición de Dios bajo la imagen de una catástrofe física 8 ¿Acaso se irrita Yahvé contra los ríos? ¿Va contra los ríos tu furor, o contra el mar tu indignación, cuando montas sobre tus caballos, sobre tus carros de victoria? Los caballos de Dios: los vientos y nubes. Tus carros: los Querubines. Cf. Salmo 17, 11 y nota. Fillion muestra la evidente alusión al Salmo 113, 3-6 y Éxodo 14, 14 ss. y hace notar que “también ahora el Señor acude para liberar a su pueblo” 9 Aparece al desnudo tu arco; tus dardos son los juramentos que tienes pronunciados. Sélah. Tú hiendes la tierra por medio de los torrentes Tus dardos son los juramentos que tienes pronunciados. “Dios, anota Fillion, al castigar a los paganos, cumple las promesas que bajo juramento tenía hechas, en los días antiguos, en favor de las tribus que formaban su pueblo. Cf. Génesis 22, 16; Deuteronomio 32, 40-42; Salmo 88, 50. Hiendes la tierra. Cf. Zacarías 14, 2 a.; Apocalipsis 12, 15 s.; Ezequiel 38, 17 s 10 Te ven las montañas, y se estremecen; se desbordan las aguas como diluvio; alza el abismo su voz y levanta en alto sus manos Cf. Salmo 92, 3; 96, 5, etc 11 El sol y la luna se quedan en sus moradas; desaparecen a la luz de tus flechas, al brillo de los relámpagos de tu lanza Yahvé sale de su morada como un guerrero, con flechas y lanza. Ambas armas simbolizan los relámpagos, y ésos son símbolos de la cólera divina 12 Enojado recorres la tierra y trillas en tu ira a los pueblos 13 Saliste para la salvación de tu pueblo, para salvación de tu ungido, aplastando la cabeza de la casa del impío, descubriendo totalmente el fundamento. Sélah Para salvación de tu ungido: “Ese ungido es el pueblo elegido, Israel, o también, el reino teocrático en general, incluso el Mesías, el más glorioso descendiente de la dinastía elegida” (Crampón). El impío es, en sentido literal, el caldeo y los demás enemigos de Israel; en sentido típico, el Anticristo, como se ve en Isaías 11, 4 y nota; II Tesalonicenses 2, 8; Apocalipsis 19, 15 ss 14 Horadas con sus propios dardos al jefe de sus guerreros, que se precipitan para dispersarme, y saltan de gozo, como para devorar al pobre ocultamente Se refiere a los caldeos que oprimen a Israel. Dios aplastará todo su poder 15 Con tus caballos pisas el mar, la masa de las grandes aguas Es una alusión al paso del Mar Rojo. Véase Salmo 76, 20