1 Corintios 3
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Discordias y bandos
1 Yo, hermanos, no he podido hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo ss. Como a espirituales: Véase 2, 12 ss., y notas. Los corintios, a pesar de la cultura que ostentaban, carecían de la verdadera sabiduría, y en tal sentido el Apóstol los llama niños (cf. Hb. 5, 12-14). Guardémonos de confundir la infancia espiritual con esta imagen usada aquí como señal de ignorancia, puesto que Jesús enseña, muy al contrario, que en ser niños está la mayor santidad (Mt. 18, 1-4) y la más alta sabiduría (Lc. 10, 21 y nota). Discordias (v. 3); cf. 1, 10 ss 2 Leche os di a beber, no manjar ( sólido ), por que no erais capaces todavía, y ni aun ahora sois capaces; 3 siendo como sois todavía carnales; puesto que mientras hay entre vosotros celos y discordias ¿no sois acaso carnales y vivís a modo de hombres? 4 Cuando uno dice: “yo soy de Pablo”; y otro: “yo soy de Apolo”, ¿no es que sois hombres? 5 ¿Qué es Apolo? Y ¿qué es Pablo? Servidores, según lo que a cada uno dio el Señor, por medio de los cuales creísteis 6 Yo planté, Apolo regó, pero Dios dio el crecimiento 7 Y así, ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento 8 El que planta y el que riega son lo mismo; y cada uno recibirá su galardón en la medida de su trabajo
Responsabilidad de los predicadores
9 Nosotros somos los que trabajamos con Dios; vosotros sois la labranza de Dios, el edificio de Dios ss. Pablo es, pues, el gran arquitecto del Evangelio, el gran expositor de sus bases, y esto no sólo para los de Corinto, sino para todos nosotros. El “otro” (v. 10), que edifica sobre el cimiento, era quizás aquí Apolo (v. 6), pero se aplica a todos los predicadores, de palabra o de pluma. Para esto dice Lacordaire que Santo Domingo, “viendo que el apostolado perecía en la Iglesia”, propuso al Papa Inocencio III, la fundación de una Orden que fuese de Predicadores, es decir, “que tuviese como función perpetua y universal enseñar el Evangelio”. El fundamento sobre el que edifican los predicadores, “es el mismo Jesucristo, su Persona y su obra, pero en cuanto encarna en sí todo el Evangelio, predicado a los Corintios por el Apóstol” (Bover) Cf. 1, 12 y nota. Oro, plata, piedras preciosas (v. 12) señalan la recta predicación del Evangelio según el Espíritu sobrenatural; madera, heno, paja, su predicación según las enseñanzas de la sabiduría humana, cuya vanidad viene explicando el Apóstol desde los capítulos que preceden (véase Mt. 7, 22 y nota). Cf. Ef. 2, 19-22, donde San Pablo muestra la buena edificación a base de los apóstoles y profetas 10 Según la gracia de Dios que me ha sido dada, yo, cual prudente arquitecto, puse el fundamento, y otro edifica sobre él. Pero mire cada cual cómo edifica sobre él 11 Porque nadie puede poner otro fundamento, fuera del ya puesto, que es Jesucristo 12 Si, empero, sobre este fundamento se edifica oro, plata, piedras preciosas, ( o bien ) madera , heno, paja, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la descubrirá, pues en fuego será revelado; y el fuego pondrá a prueba cuál sea la obra de cada uno El fuego: el día del Señor, o sea la venida de Cristo triunfante, el cual, como dice la Liturgia, vendrá a juzgar a este siglo por medio del fuego. Por el fuego entienden S. Agustín y S. Gregorio, las tribulaciones; o, como dice Allo, “el conjunto de pruebas y juicios” que acompañarán el día del Señor. El griego lleva el artículo (he hemera), el día por excelencia, conforme a otros muchos pasajes, Cf. 1, 8; 4, 3 ss.; Rm. 2, 16 y 13, 12; 2 Ts. 1, 10; 2 Tm. 1, 12 y 18; Hb. 10, 35; 2 Pe. 2, 9, etc.), (Fillion). Bover, comparando este pasaje con 2 Pe. 3, 7, que anuncia la conflagración de los elementos, pregunta: “Esta conflagración ¿debe entenderse en sentido propio o bien en sentido puramente metafórico?” Y agrega: “Esta pregunta merece esta otra contrapregunta: ¿contra el sentido propio y verdadero qué dificultad seria puede alegarse o se ha alegado?” 14 Si la obra que uno ha sobreedificado subsistiere, recibirá galardón ; Recibirá galardón: Como dice Fillion, “esta recompensa no consistirá solamente en la salvación eterna, común a todos los justos, sino en algunos privilegios particulares”. Véase, por una parte, Ef. 2, 8 s.; Rm. 6, 23; Jn. 4, 10, etc., y, por otra, Mt. 10, 42; 19, 28; Lc. 19, 12; 19, 17; 22, 28-30; 1 Co. 9, 25 y nota; 2 Tm. 4, 7 s.; 1 Pe. 5, 4; Ap. 2, 10; Dn. 12, 3, etc. Nuestro horizonte es, pues, más vasto que la expectativa de la muerte y el destino inmediato del alma sola. Jesús vendrá, como aquí vemos “trayendo su recompensa” (Ap. 22, 12). Cf. 4, 8 ss. y nota; Fil. 3, 20 s.; Rm. 8, 23; Lc. 21, 28; 1 Pe. 1, 5-7, etc 15 si la obra de uno fuere consumida, sufrirá daño; él mismo empero se salvará, mas como a través del fuego A través del fuego, es decir, a duras penas, después de tanto trabajo perdido. He aquí un tema de profunda meditación. Según S. Gregorio, “esta doctrina se dirige a aquellos predicadores, que semejantes a los adúlteros, que no buscan en sus delitos la fecundidad, sino cómo satisfacer a su sensualidad, predican por vanidad; y llevados de la gloria temporal, no se aprovechan de la gracia, que Dios les ha dado, para engendrar hijos espirituales para Dios, sino que abusan de ella, para hacer una vana ostentación de su saber”. En este fuego suele verse una insinuación del purgatorio. En tal caso no sería el mismo fuego mencionado antes como propio del día del Señor. El P. Sales, citando a Fillion, Cornely, Corluy, etc., hace notar que el Apóstol no habla directamente del purgatorio; primero, porque sólo trata de los predicadores del Evangelio, y luego, porque se refiere al juicio universal 16 ¿No sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, le destruirá Dios a él; porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros El Espíritu de Dios que nos convierte en templo de Dios, habitando en nosotros (v. 16), ha de ser nuestro maestro (cf. 2, 12), sin lo cual no podemos entender las cosas de Dios ni, en consecuencia, edificar según ellas con oro y piedras preciosas (v. 12). “Destruye , pues, el templo de Dios quien prescinde de escuchar como maestro al Espíritu Santo y pretende edificar sobre el fundamento de Cristo, según su propia iniciativa”La sabiduría del mundo es locura ante Dios
18 Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno entre vosotros cree ser sabio en este siglo, hágase necio para hacerse sabio 19 Porque la sabiduría de este mundo es necedad para Dios. Pues escrito está: “Él prende a los sabios en su misma astucia” Cf. Jb. 5, 13. Es notable que la cita sea de Elifaz, el mal amigo de Job. Véas e la explicación en la nota a Jb. 5, 9 20 Y otra vez: “El Señor conoce los razonamiento de los sabios, que son vanos” Véase Sal. 93, 11 y nota. Todas estas advertencias, como las del cap. 4, han de referirse en primer lugar a los predicadores de que trata aquí el Apóstol. Uno de los grandes secretos prácticos de la vida del cristiano está en comprender cómo se armoniza la caridad con la desconfianza que hemos de tener en los hombres. El más celoso amor de caridad, que desea en todo el bien del prójimo y nos impide hacerle el menor mal, no nos obliga en manera alguna a confiar en el hombre, ni a creer en sus afirmaciones para halagar su amor propio. Así el Evangelio nos libra de ser víctimas de engaño. Véase Jn. 2, 24 y nota 21 Así pues, que nadie ponga su gloria en los hombres. Porque todo es ciertamente vuestro; 22 sea Pablo, sea Apolo, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo porvenir, todo es vuestro , Admirable felic idad. Somos dueños de todas las cosas con tal que pertenezcamos a Dios, porque, como dice S. Buenaventura “el Señor, el Amigo, el Padre no permitirá que falte nada a su servidor, a su amigo, a su hijo”. Cf. 1 Pe. 5, 7 23 mas vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios . Cristo es del Padre que lo engend ró, y que es su Cabeza (11, 3), y así la voluntad de Jesús durante toda la eternidad será estar sometido Él mismo al Padre, junto con todo su reino. Véase en 15, 24-28 la revelación de este sublime misterioCitado en 153
- Este capítulo Sacerdotalis Caelibatus(§48)Saeculo Exeunte Octavo(§37)
- v. 1 CCC(¶1031)Reconciliatio Et Paenitentia(§4)
- v. 2 Reconciliatio Et Paenitentia(§4)
- v. 3 Summa (EN)(I-II 28.4
II-II 38.2) Reconciliatio Et Paenitentia(§4) - v. 4 CCC(¶756)Reconciliatio Et Paenitentia(§4)
- v. 5 Lebanon(§37)Reconciliatio Et Paenitentia(§4)
- v. 6 Dei Verbum(§7)Humani Generis Redemptionem(§102)Lebanon(§37)Maximum Illud(§32)Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Sacerdotalis Caelibatus(§48)Satis Cognitum(§1)
- v. 7 Ad Gentes(§3
§13 Evangelii Gaudium(§12)Haerent Animo(§11)Lebanon(§37)Menti Nostrae(§57)Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Sacerdotalis Caelibatus(§48)§25 §40) - v. 8 Summa (EN)(I-II 114.4
II-II 27.7 Ad Gentes(§28)Lebanon(§37)Reconciliatio Et Paenitentia(§4)II-II 182.2) - v. 9 CCC(¶307
¶755 Summa (EN)(I 23.8¶756) III 72.11) Ad Gentes(§15)Lebanon(§32§37) Lumen Gentium(§6)Menti Nostrae(§4§7) Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Spe Salvi(§35) - v. 10 Summa (EN)(I 1.6
II-II 45.1) Preguntas(Qué pasa después de la muerteEl purgatorio y las indulgencias) Ad Gentes(§28)Magnifica Humanitas(§229§236) Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Saeculo Exeunte Octavo(§37) - v. 11 CCC(¶756)Summa (EN)(I-II 67.3
II-II 4.7) Preguntas(Qué pasa después de la muerteEl purgatorio y las indulgencias) Centesimus Annus(§3)Divino Afflante Spiritu(§28§33 E Supremi(§8)Lumen Gentium(§6)Mit Brennender Sorge(§3§57) §20) Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Sacramentum Caritatis(§37) - v. 12 CCC(¶679)Summa (EN)(I-II 89
I-II 89.2 Preguntas(Qué pasa después de la muerteII-II 118.4 III 87.3 Suppl 89.6) El purgatorio y las indulgencias) Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Spe Salvi(§46) - v. 13 CCC(¶679)Summa (EN)(Suppl 74.9
Suppl 97.1) Preguntas(Qué pasa después de la muerteEl purgatorio y las indulgencias) Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Spe Salvi(§46) - v. 14 CCC(¶679)Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(56)Preguntas(Qué pasa después de la muerte
El purgatorio y las indulgencias) Gaudium et Spes(§38§39) Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Spe Salvi(§46) - v. 15 CCC(¶679
¶1031) Summa (EN)(I-II 89.2III 68.2 Preguntas(Qué pasa después de la muerteIII 87.3 Suppl 99.4) El purgatorio y las indulgencias) Reconciliatio Et Paenitentia(§4)Spe Salvi(§46) - v. 16 CCC(¶797)Summa (EN)(I-II 109.9)Christifideles Laici(§20
§30) Divinum Illud Munus(§14)Dominum Et Vivificantem(§25)Ecclesia In Asia(§17)Lebanon(§23)Lumen Gentium(§4)Reconciliatio Et Paenitentia(§4) - v. 17 CCC(¶797)Summa (EN)(II-II 59.3)Divinum Illud Munus(§14)Reconciliatio Et Paenitentia(§4)
- v. 18 Summa (EN)(II-II 46.1
II-II 113.1) Evangelica Testificatio(§29)Reconciliatio Et Paenitentia(§4) - v. 19 Summa (EN)(II-II 46.1
II-II 46.3) Evangelica Testificatio(§29)Reconciliatio Et Paenitentia(§4) - v. 20 Reconciliatio Et Paenitentia(§4)
- v. 21 Lumen Gentium(§36)
- v. 22 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(44
455) Caritas In Veritate(§79)Divini Redemptoris(§30)Evangelica Testificatio(§50)Gaudium et Spes(§34§37) - v. 23 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(44
455) Caritas In Veritate(§79)Divini Redemptoris(§30)Evangelica Testificatio(§50)Gaudium et Spes(§34§37) Lumen Gentium(§36)Mediator Dei(§30§33 Mystici Corporis Christi(§28§47) §59 §61) - v. 67 Sacerdotalis Caelibatus(§48)