Jeremías 35
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
El ejemplo de los recabitas
1 Palabra de Yahvé que Jeremías recibió en tiempo de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá: 2 “Anda a la casa de los recabitas y habla con ellos, y llévalos a la Casa de Yahvé, a una de las cámaras, y dales a beber vino.” Los recabitas eran de descendencia madianita, del linaje de Jetró, suegro de Moisés. Se distinguían por el celo con que conservaban las costumbres antiguas y el culto de Yahvé. Su modo de vivir recordaba la sencillez del pueblo judío bajo Moisés en el desierto, pues renunciaban a casas, a las bebidas alcohólicas, a las comodidades en la manera de vivir, y al cultivo de campos y viñas, etc. Véase Levítico 23, 34; IV Reyes 10, 15 ss. y nota; I Paralipómenos 2, 55 3 Tomé a Jaazanías, hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, y a sus hermanos y todos sus hijos, y toda la familia de los recabitas; 4 y los introduje en la Casa de Yahvé, en la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, varón de Dios, la que estaba junto a la cámara de los príncipes, encima de la cámara de Maasías, hijo de Sellum, guardián de la puerta; 5 y puse ante los hijos de la estirpe de los recabitas jarros y copas llenos de vino, y les dije: “Bebed vino.” 6 Pero ellos contestaron: “No bebemos vino; pues Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos mandó: «Nunca jamás beberéis vino, ni vosotros ni vuestros hijos Jonadab, nuestro padre: “Éste es, dice San Jerónimo, aquel Jonadab, hijo de Recab, de quien se lee en el Libro de los Reyes que subió al coche con Jehú (IV Reyes 10, 15), e hijos suyos son los que, morando en los tabernáculos, a la postre, por la invasión del ejército de los caldeos fueron forzados a retirarse a Jerusalén; y ésta fue la primera cautividad, que dicen que sufrieron. Porque después de haber gozado de la libertad que hay en la soledad, fueron encerrados en la ciudad como en una cárcel.” El Doctor Máximo escribe estas palabras a San Paulino y agrega: “Os ruego mucho que, porque estáis atado con el vínculo de vuestra santa hermana (esposa) y no camináis con paso del todo libre; dondequiera que viváis, siempre huid de la muchedumbre de los hombres, de sus cumplimientos, visitas y convites como de unas cadenas de deleite.” De la misma manera nos enseña San Pablo que nuestra habitación está en el cielo (II Corintios 5, 1 ss., texto aludido en el Prefacio de Difuntos), por lo cual allí ha de estar también nuestra conversación (Filipenses 3, 20) donde se encuentra el Salvador cuya venida esperamos (Colosenses 3, 1 ss.). Nuestra vida debe ser un tránsito por el desierto, en tiendas de campaña, según el ejemplo de Abrahán que nos presenta el mismo Apóstol (Hebreos 11, 8 s.) 7 Tampoco edificaréis casas ni haréis siembras, ni plantaréis viñas, ni poseeréis (cosa alguna), sino que habitaréis en tiendas durante toda vuestra vida, para que viváis largo tiempo sobre la tierra en la cual sois peregrinos.» 8 Hemos obedecido la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en todo cuanto nos ha mandado, de modo que no bebemos vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas; 9 y no edificamos casas de habitación; ni tampoco tenemos viñas, ni campos, ni sementeras, 10 sino que vivimos en tiendas, obedeciendo a Jonadab, nuestro padre, y cumpliendo todo cuanto él nos ha mandado 11 Mas cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadió el país, nos dijimos: Vámonos y retirémonos a Jerusalén ante el ejército de los caldeos y ante el ejército de los sirios; y así venimos a habitar en Jerusalén.”