2 Corintios 4
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
El apóstol y su ministerio
1 Por lo cual, investidos de este ministerio, según la misericordia que se nos ha hecho, no decaemos de ánimo La misericordia que se nos ha hecho: La vocación sobrenatural del Apóstol a predicar el Evangelio (Hch. 9, 15; 13, 2) 2 Antes bien, hemos desechado los vergonzosos disimulos, no procediendo con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino recomendándonos por la manifestación de la verdad a la conciencia de todo hombre en presencia de Dios Viril retrato del verdadero apóstol 3 Si todavía nuestro Evangelio aparece cubierto con un velo, ello es para los que se pierden ; Se refiere al velo de que habló en 3, 12 ss. Para los que se pierden: véase este tremendo misterio tratado nuevamente en 2 Ts. 2, 10 4 para los incrédulos, en los cuales el dios de este siglo ha cegado los entendimientos a fin de que no resplandezca ( para ellos ) la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios ; El dios de este siglo: El espíritu mundano ciega sus corazones para que oigan y no entiendan. La imagen de Dios: Cristo es imagen de Dios por tener la misma naturaleza que el Padre, siendo su Hijo unigénito y consubstancial (Hb. 1, 3; Col. 1, 15; Jn. 6, 46; 14, 9; Sb. 7, 26 y nota) 5 porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús , Siervos vuestros por Jesús: S. Pablo no cesa de insistir (cf. 1, 23 s. y nota) en la humildísima misión de todo verdadero apóstol, que no ha sido puesto para dominar, ni ser admirado o servido, sino para servir según la expresa instrucción de Cristo, que se presentó Él mismo como sirviente (Lc. 23, 25-27 y nota) 6 pues Dios que dijo: “Brille la luz desde las tinieblas” es quien resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo Es decir que es el mismo Espíritu Santo quien nos hace descubrir al Padre, en el rostro de Cristo, que es su perfecta imagen (v. 4). Por esto dice S. Juan que el que niega al Hijo tampoco tiene al Padre (1 Jn. 2, 23), y que todo el que confiesa que Jesú s es el Hijo de Dios, en Dios permanece y Dios en él (1 Jn. 4, 15). El cristiano, una vez adquirida esta luz, se hace a su vez luz en las tinieblas para manifestar a otros la gloria de Dios. Es lo que Jesús enseña en el Evangelio. Véase Lc. 11, 34 ss.; Ef. 5, 8 s
Confiesa su propia fragilidad
7 Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros La fe es un tesoro que llevamos en vasijas de barro, por lo cual a cada rato necesitamos cerciorarnos de que no la vamos perdiendo cada día, sin darnos cuenta, por haberse roto la vasija al contacto del mundo y de su atrayente espíritu, que es contrario al Evangelio y constantemente tiende a deformar la fe, dejándonos sólo la apariencia de ella. De ahí que la fe necesite ser probada como el oro en el crisol (1 Pe. 1, 7; cf. 4 Esd. 16, 74), y Dios enseñe también bondadosamente por boca del mismo S. Pablo, la suma conveniencia de que seamos nosotros mismos quienes nos preocupemos por mantener viva esa fe que tan fácilmente se adormece (13, 5; 1 Co. 11, 31). De lo contrario Él se vería obligado a mandarnos pruebas de carácter doloroso, en tanto que nosotros podemos hacerlo con insuperable dulzura por el contacto continuo de nuestro pensamiento con la divina Palabra, la cual nos mantiene atentos a la verdadera realidad, que es la sobrenatural, oculta a nuestros sentidos y tan ajena a las habituales preocupaciones del hombre de hoy. Así es como la divina Palabra libra de las pruebas, según enseñó Jesús. Cf. Jn. 15, 2 s. y nota 8 De todas maneras atribulados, mas no abatidos; sumergidos en apuros, mas no desalentados; 9 perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no destruidos, 10 siempre llevamos por doquiera en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo Cf. 1, 5. Expuestos todos los días a mil tormentos y a la misma muerte, representamos en nuestros cuerpos la imagen de Jesu cristo, paciente y muerto (S. Tomás). Y esto será mientras la cizaña esté mezclada con el trigo, es decir, hasta el fin (Mt. 13, 30 y 39). En vano, pues, pretenderíamos para la Iglesia militante en este mundo un triunfo que sería todo lo contrario de lo que anunció su divino Fundador. Cf. Lc. 18, 8 11 Porque nosotros, los que ( realmente ) vivimos , somos siempre entregados a la muerte por causa de Jesús, para que de igual modo la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal 12 De manera que en nosotros obra la muerte, mas en vosotros la vidaConsuelo en los sufrimientos
13 Pero, teniendo el mismo espíritu de fe, según está escrito: “Creí, y por esto hablé”; también nosotros creemos, y por esto hablamos ; Véase Sal. 115, 1. Los predicadores y creyentes al Evangelio tienen la misma fe que los justos del Antiguo Testamento: éstos, como dice S. Agustín, creían en el Cristo que había de venir, y nosotros que Él h a venido ya, mas nuestra fe no se detiene en los misterios pasados, sino que abarcando “lo nuevo y lo viejo” (Mt. 13, 52), nos lleva a los misterios de la resurrección, contemplando a Jesús, como dice S. Pedro, en sus pasiones y posteriores glorias (1 Pe. 1, 11) 14 sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos pondrá en su presencia con vosotros 15 Porque todo es por vosotros, para que abundando más y más la gracia, haga desbordar por un mayor número ( de vosotros ) el agradecimiento para gloria de Di os 16 Por lo cual no desfallecemos; antes bien, aunque nuestro hombre exterior vaya decayendo, el hombre interior se renueva de día en día De ahí que el mismo Apóstol nos enseñe que en su debilidad está su fortaleza (10, 10; 1 Co. 1, 25-27; 12, 10) 17 Porque nuestra tribulación momentánea y ligera va labrándonos un eterno peso de gloria cada vez más inmensamente; 18 por donde no ponemos nosotros la mirada en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mas las que no se ven, eternas . ¡He aquí algo que puede ser definitivo para curarnos de todo amor efímero! Dios quiere lo que es y no parece: la Eucaristía. El hombre, a la inversa, quiere lo que parece y no es (cf. Mt. 15, 8). Por eso busca tanto las obras exteriores, sin comprender que Dios no las necesita y que ellas valen sólo en proporción del amor que las inspira. Como por desgracia no es normal que tengamos siempre ese amor en nosotros, debemos previamente preparar el espíritu por la meditación y la oración, que aumentan la fe y la caridad (4, 7 y nota). Entonces todo lo que hagamos inspirados por ese amor tendrá la certeza de ser agradable a Dios. De ahí la lección fundamental de los Proverbios (4, 23): “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón”. Porque del estado de éste depende el valor de todo lo que hagamos. Sobre la fugacidad de lo visible, cf. 1 Co. 7, 31 y notaCitado en 95
- v. 1 Fides Et Ratio(§7)
- v. 2 Summa (EN)(II-II 55.3)Editae Saepe(§26)Fides Et Ratio(§6
§7) Veritatis Splendor(§62) - v. 4 CCC(¶1701)Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia(121
431) Summa (EN)(I 65.1I-II 79.3) Gaudium et Spes(§22) - v. 5 Ecclesia In Asia(§19)Evangelii Gaudium(§143)Evangelii Nuntiandi(§15)Lumen Fidei(§56
§57) Pastores Dabo Vobis(§23) - v. 6 CCC(¶298
¶2583) Ad Gentes(§4§14 Dei Verbum(§2§26 §42) §7) Dies Domini(§18)Lumen Fidei(§1§37) Verbum Domini(§20) - v. 7 CCC(¶1420)Evangelii Gaudium(§279)Lumen Fidei(§56)Presbyterorum Ordinis(§2
§4 Rerum Novarum(§11)§13) - v. 8 Grata Recordatio(§17)Lumen Fidei(§56)Salvifici Doloris(§20)Verbum Domini(§106)
- v. 9 Grata Recordatio(§17)Lumen Fidei(§56)Salvifici Doloris(§20)Verbum Domini(§106)
- v. 10 Ad Gentes(§25)Apostolicam Actuositatem(§16)Christifideles Laici(§53)Grata Recordatio(§17)Lumen Fidei(§56)Miserentissimus Redemptor(§8)Sacrosanctum Concilium(§12)Salvifici Doloris(§20)Unitatis Redintegratio(§4)Verbum Domini(§106)
- v. 11 Christifideles Laici(§53)Divini Illius Magistri(§80)Lumen Fidei(§56)Sacrosanctum Concilium(§12)Salvifici Doloris(§20)Verbum Domini(§106)
- v. 12 Fides Et Ratio(§7)Lumen Fidei(§56)
- v. 13 Summa (EN)(II-II 3.1
III 6.3 Lumen Fidei(§37III 62.6 III 70.1) §56) Mystici Corporis Christi(§32§70 Sapientiae Christianae(§21)§71) - v. 14 CCC(¶989)Gaudium et Spes(§22)Salvifici Doloris(§20)Verbum Domini(§106)
- v. 15 Lumen Gentium(§27)
- v. 16 Summa (EN)(I 75.4
II-II 25.7) Preguntas(Un padre o una madre que se muere)Ad Gentes(§24)Lumen Fidei(§57)Redemptionis Donum(§10)Spe Salvi(§22) - v. 17 Summa (EN)(I 65.1)Preguntas(Un padre o una madre que se muere)Octogesima Adveniens(§7)Rerum Novarum(§18
§21) Salvifici Doloris(§22) - v. 18 Summa (EN)(I 65.1
II-II 83.6) Preguntas(Un padre o una madre que se muere)Salvifici Doloris(§22)