2 Samuel 19
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Luto del rey
Vuelta de David a Jerusalén
10 Todo el pueblo, en todas las tribus de Israel, disputaba entre sí, diciendo: “El rey nos libró del poder de nuestros enemigos, él nos salvó de las manos de los filisteos, y ahora ha huido del país a causa de Absalón 11 Ahora bien, Absalón, a quien habíamos ungido por rey sobre nosotros, ha muerto en la batalla. ¿Por qué, pues, no hacéis nada para traer al rey?” 12 El rey David envió entonces a decir a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: “Hablad con los ancianos de Judá, diciendo: ¿Cómo es que sois vosotros los últimos en hacer volver al rey a su casa? Pues lo que en todo Israel se decía había llegado a la casa del rey La política de David es muy prudente. Consiste en recordar a la rebelde tribu de Judá que a ella pertenece el rey y que ella fue la primera en proclamarle (capítulo 2). La intervención de los sacerdotes se explica por ser ellos sus fieles servidores 13 Vosotros sois mis hermanos, sois huesos míos y carne mía; ¿por qué, pues, sois los últimos en hacer volver al rey? 14 Decid también a Amasá: ¿No eres tú mi hueso y mi carne? Esto y aún más me haga Dios, si no has de ser delante de mí jefe vitalicio del ejército, en lugar de Joab.” Amasá era general de las tropas de Absalón (cf. 17, 25). Para ganarle, el rey le promete el mando vitalicio del ejército; hecho que al mismo tiempo sirve para humillar a Joab, cuya arrogancia con el tiempo se hizo insoportable. En su lugar ninguno mejor que Amasá. Con esto ganaba a su causa un gran capitán y quitaba a los descontentos un fuerte apoyo 15 Así ganó el corazón de todos los hombres de Judá, como si fuese un solo hombre; y enviaron a decir al rey: “Vuelve tú y todos tus siervos.”Clemencia del rey
16 Volvió, pues, el rey, y vino al Jordán. Los de Judá habían ido al encuentro del rey hasta Gálgala, a fin de ayudarle en el paso del Jordán 17 También Semeí, hijo de Gerá, de los hijos de Benjamín, de Bahurim, se apresuró a descender con los hombres de Judá para recibir al rey David; 18 y con él mil hombres de Benjamín; y Sibá, siervo de la casa de Saúl, y con él sus quince hijos y sus veinte siervos, que pasaron el Jordán delante del rey 19 Cruzaron el vado para pasar a la familia del rey y ponerse a su disposición. Entonces Semeí, hijo de Gerá, se postró delante del rey, en el momento que éste iba a pasar el Jordán, 20 y dijo al rey: “¡No me impute mi señor la iniquidad, y no se acuerde de lo que hice perversamente el día en que mi señor, el rey, salió de Jerusalén! ¡No haga el rey caso de ello! 21 Porque bien sabe tu siervo que ha pecado. He aquí que he venido hoy, el primero de toda la casa de José, para bajar al encuentro de mi señor el rey.” Cf. 16, 5 ss. La casa de José: En sentido más amplio no solamente las tribus de José (Efraím y Manasés), sino todas las tribus del Norte 22 Entonces Abisai, hijo de Sarvia, tomó la palabra y dijo: “¿Acaso no ha de morir Semeí, por haber maldecido al ungido de Yahvé?” 23 Pero David dijo: “¿Qué tengo yo que ver con vosotros, hijos de Sarvia? ¿Por qué me tentáis? Nadie ha de morir hoy en Israel, pues he visto que hoy seré (de nuevo) rey sobre Israel.” ¡Por qué me tentáis!; literalmente: ¿Por qué me sois Satanás? Así son llamados aquí los hijos de Sarvia (Abisai y Joab) porque se oponen a la clemencia del rey, tentándolo a hacer violencia. Así llama Cristo a Pedro cuando éste se opuso a que muriese Cristo para redimir a los hombres (Mateo 16, 23) 24 Y dijo el rey a Semeí: “No morirás.” Y se lo juró el reyDavid y Mefibóset
25 También Mefibóset, hijo de Saúl, había descendido al encuentro del rey. No había cuidado sus pies, ni compuesto la barba, ni lavado la ropa, desde el día que subió el rey hasta el día que volvió en paz 26 Cuando vino de Jerusalén al encuentro del rey, éste le dijo: “¿Por qué no fuiste conmigo, Mefibóset?” 27 Respóndió él: “¡Oh rey y señor mío, mi siervo me ha engañado! Porque tu siervo había dicho: Me aparejaré el asno, y montaré en él para ir con el rey, por cuanto tu siervo es cojo 28 Además, ha calumniado a tu siervo delante de mi señor, el rey. Pero mi señor, el rey, es como un ángel de Dios; haz lo que mejor te parezca 29 Pues aunque todos los de la casa de mi padre no hemos merecido del rey, mi señor, sino la muerte, pusiste tú a tu siervo entre los que comen a tu mesa. ¿Qué derecho tengo yo todavía para pedir al rey cosa alguna?” 30 El rey le dijo: “¿Por qué hablas tanto de tus asuntos? Ya lo he dicho: Tú y Sibá os repartiréis las tierras.” David, ligado por la declaración de 16, 4, y ante dos testimonios contradictorios no desea complicar la situación con un proceso y da una solución salomónica. La generosa respuesta de Mefibóset (versículo 30) nos confirma en la idea de que era inocente. Vigouroux aclara este pasaje con la siguiente nota: “Es probable que David haya creído ver algo sospechoso en la conducta de Mefibóset; por esto no le devuelve más que la mitad de sus bienes, y deja la otra mitad a Sibá, el cual parecía muy aficionado al rey y a su gobierno” (Polyglotte II, pág. 557) 31 Y dijo Mefibóset al rey: “Tómeselas él todas, ya que el rey, mi señor, ha vuelto en paz a su casa.”El rey y Barzillai
32 También Barzillai, el galaadita, bajó desde Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para escoltarlo en el paso del Jordán 33 Era Barzillai muy anciano, tenía ya ochenta años y había abastecido al rey durante su estancia en Mahanaim, porque era hombre muy rico 34 Dijo el rey a Barzillai: “Pasa adelante conmigo, y te sustentaré junto a mí en Jerusalén." 35 Barzillai respondió al rey: “¿Cuántos años podré vivir todavía? No vale la pena subir con el rey a Jerusalén 36 Tengo ahora ochenta años. ¿Puedo yo, acaso, distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿Puede tu siervo gustar lo que come y lo que bebe? ¿O puedo oír ya la voz de cantores y de cantoras? ¿Cómo, pues, tu siervo ha de servir de carga a mi señor, el rey? 37 Sólo un corto trecho acompañará tu siervo al rey en el Jordán. ¿Y por qué quiere el rey darme esta recompensa? 38 Permite, pues, que se vuelva tu siervo, para que muera en mi ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Pero ahí tienes a tu siervo Camaam. Pase él con mi señor, el rey, y haz con él lo que bien te parezca.” Las palabras de Barzillai muestran, además de la nobleza de su espíritu, las ventajas de la vejez en que, aplacadas las pasiones y libre de ambición, el hombre busca en la paz del silencio la verdadera felicidad que es la interior. Cf. III Reyes 2, 7 39 Respondió el rey: “¡Pase, pues, conmigo Camaam! ¡Con él haré lo que te plazca; pues te otorgaré todo cuanto me pidas!” 40 Cuando todo el pueblo hubo cruzado el Jordán, pasó también el rey. Entonces besó el rey a Barzillai y le bendijo; y éste volvió a su lugarDisensión entre Judá e Israel
41 El rey pasó a Gálgala, acompañándole Camaam. Todo el pueblo de Judá y la mitad del pueblo de Israel escoltaban al rey 42 Y he aquí que vinieron al rey todos los hombres de Israel y le dijeron: “¿Por qué nuestros hermanos, los hombres de Judá, te han secuestrado, pasando por el Jordán al rey y a su casa y a todos los hombres de la comitiva de David?” 43 Entonces respondieron todos los hombres de Judá a los hombres de Israel: “Es que el rey es pariente nuestro. ¿Por qué os enojáis por eso? ¿Hemos acaso comido a costa del rey? ¿Hemos recibido algo de él?” 44 Replicaron los hombres de Israel a los hombres de Judá, diciendo: “Nosotros tenemos diez partes en el rey, por lo cual David nos pertenece más a nosotros que a vosotros. ¿Por qué, pues, nos habéis hecho este agravio? ¿No fue nuestra palabra la primera para traer a nuestro rey?” Y fue más dura la respuesta de los hombres de Judá que la de los hombres de Israel. No hay duda de que los de Israel, es decir, las otras tribus, tenían razón, quejándose de la tribu de Judá, porque ellas habían sido las primeras en reconciliarse con David. Además, eran 10 veces más numerosas que Judá. por lo cual creen valer 10 veces más. Los de las tribus de Judá, por su parte, se apoyan en su parentesco con el rey. Ya se cierne en el horizonte la futura división del pueblo en el reino de Judá y en el de Israel. ¡Triste ejemplo de la inconstancia humana! Cf. III Reyes capítulo 12Citado en 2
- v. 1 Salvifici Doloris(§6)
- v. 7 Summa (EN)(II-II 25.8)