Job 33

Continúa el primer discurso de Eliú

“Escucha ahora, oh Job, mi palabra, y a todos mis argumentos presta oído He aquí que abro mi boca; se mueve mi lengua para formar palabras en mi paladar Lo que diré viene de un corazón recto, mis labios profieren la pura verdad El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida Respóndeme, si puedes; prepárate para (contender) conmigo; tente dispuesto Mira, yo soy creatura de Dios, igual que tú; también yo fui formado del barro Por eso nada tienes que temer de mí, ni te abrumará el peso de mi persona Quiere decir: no te asustes; podrás defenderte y justificar tus palabras, porque soy de la misma categoría que tú Ahora bien, tú has dicho oyéndolo yo —bien escuché el son de tus palabras—: «Inocente soy, sin pecado, limpio soy, no hay iniquidad en mí ss. Véase 9,21; 10,7; 12,4; 13,24; 16,17; 27, 5 s Pero Él busca pretextos contra mí, me considera como enemigo suyo; pone en el cepo mis pies, observa todos mis pasos.» Precisamente en esto no tienes razón; te lo explicaré. Si Dios es más grande que el hombre, ¿por qué contiendes con Él, ya que Él no da cuenta de ninguno de sus actos? Las palabras de Dios en 38, 2 y en 40, 2, lo mismo que la humilde confesión de Job en 40, 4 s., parecen justificar este reproche Porque de una manera habla Dios, y también de otra, pero (el hombre) no le hace caso De una manera... y también de otra: ¡ Cuántas veces se oye la queja de que hoy en día “Dios ya no habla más a los hombres”! No es así, Dios “nos habló últimamente en estos días, por medio de su Hijo” (Hebreos 1. 2), a quien tenemos que escuchar como lo dice el mismo Padre (Mateo 17, 5). Aquí vemos cómo Dios hablaba a los hombres del Antiguo Testamento: por visiones (versículos 15-18), por medio de aflicciones y enfermedades (versículos 19-22), o por envío de un ministro (versículos 23-28). Es ésta una lección muy preciosa, que vemos probada por la Sagrada Escritura. “El pueblo de Israel oyó la voluntad de Dios por boca de sus jefes, y éstos por boca de los profetas, enviados del Altísimo; a Elías habló un ángel mientras dormía; a Agar abrió Dios los ojos para que encontrara la salvación para sí misma y para su hijo; Ana, la madre de Samuel, oyó en su aflicción la voz de un sacerdote; los reyes magos fueron guiados por una estrella, y el etíope por una palabra de la Escritura” (Elpis) En sueños, en visiones nocturnas, cuando cae letargo sobre los hombres, recostados en sus camas, entonces Él abre el oído del hombre, y le instruye en forma secreta, para apartarle de su obra. Así le retrae de la soberbia, salva su alma de la perdición, y su vida del filo de la espada Corrige también al hombre con dolores en su lecho, y con continua angustia dentro de sus huesos; de modo que tiene asco del pan y del bocado más exquisito Vase consumiendo su carne hasta desaparecer, y aparecen sus huesos que no se veían Se acerca su vida al sepulcro, y su existencia a los que la quitan Pero si hay para él un ángel, un intercesor de entre mil, que explique al hombre su deber; Eliú da a entender que él se cree enviado por Dios como ministro para enseñar a Job el recto camino. Según San Gregorio Magno el ángel es alegoría de Jesucristo, “el único mediador entre Dios y los hombres” (I Timoteo 2, 5) y que se compadezca de él y diga (a Dios): «Líbrale para que no baje al sepulcro; yo he hallado el rescate (de su alma) .» Entonces se vuelve más fresca que la de un niño su carne; será como en los días de su juventud; implora a Dios, y Éste le es propicio. Así contemplará con júbilo su rostro, y (Dios) le devuelve su justicia Cantará entonces entre los hombres, Y dirá: «Yo había pecado, había pervertido la justicia, y no me fue retribuido según merecía; pues Él me libró del paso al sepulcro, y mi alma ve todavía la luz.» Mira, todo esto hace Dios, dos y aun tres veces con el hombre, a fin de retraerlo de la muerte, y alumbrarlo con la luz de la vida Atiende, Job; escúchame; calla, que yo hablaré Si tienes algo que decir, respóndeme; habla, pues mi deseo es verte justo Si no, escúchame en silencio, y yo te enseñaré sabiduría.”

Citado en 11