Job 40

Segundo discurso de Dios

Se dirigió entonces Yahvé a Job y dijo: “Quiere el censor contender más con el Omnipotente? El que disputa con Dios responda.”
Job confiesa su ignorancia
Job respondió a Yahvé y dijo: Según el orden indicado en la nota precedente, esta respuesta de Job adquiere su pleno y enorme significado: es una confesión ex abrupto, como de su alma abrumada por la elocuencia de Dios. El Padre Eterno le responde entonces, manteniendo su desafío (versículos 31-32) y continuándolo en 40, 3 ss. antes de empezar su segundo discurso (40, 10 ss.). La perfecta docilidad de Job es el más grande y bello de los ejemplos que se nos da en todo el libro, y confirma, con una prueba toda interior, la auténtica santidad del patriarca. Véase 42, 1-6 “He aquí ¡cuán pequeño soy yo! ¿Qué puedo responderte? Pondré mi mano sobre mi boca Una vez he hablado, mas no hablaré más; y otra vez (he hablado). pero no añadiré palabra. Yahvé siguió hablando a Job desde el torbellino, y dijo: “Cíñete los lomos como varón; voy a preguntarte y tú me instruirás ss. ¡Cuántas veces queremos tener razón contra Dios! Cf. el remedio en Salmo 50, 6 nota ¿Quieres tú de veras negar mi justicia, condenarme a Mí para justificarte a ti mismo? ¿Tienes tú un brazo como el de Dios, y puedes tronar con voz semejante a la suya? Adórnate de alteza y majestad, y revístete de gloria y grandeza Derrama los torrentes de tu ira; mira a todo orgulloso y humíllalo Ésta es la característica del mismo Dios, como vemos en Lucas 1, 51 ss Mira a todo soberbio y abátelo, aplasta a los malvados donde estén Escóndelos a todos en el polvo, y cubre su rostro con tinieblas Yo entonces te alabaré, porque tu diestra podrá salvarte He aquí lo que faltó a Job: hacer a Dios ese homenaje de confesar que su sabiduría todo lo hace para nuestro bien, por amor. En Tobías 12, 13 vemos que el justo necesita ser probado, y lo mismo enseña Jesús en Juan 15, 2 (haciendo la admirable excepción del versículo 3). Con todo, Job no prevaricó en la prueba. ¡Dios no perdió la apuesta con Satanás! (véase 2, 3 ss.) Mira a Behemot, creado por Mí lo mismo que tú. Come hierba como el buey; ss. El Eterno Padre patentiza una vez más a Job la pequeñez del hombre, confrontándolo con dos animales gigantescos, el behemot y el leviatán. La crítica ha sostenido la interpolación de este pasaje pero sin demostrarla fundadamente. Por behemot (plural hebreo de bestia) entienden muchos expositores el hipopótamo, animal monstruoso que vive en el Nilo y otros grandes ríos del continente africano, y en egipcio era llamado pehemu, que quiere decir buey de agua. San Jerónimo y otros Santos Padres ven en él un tipo de Satanás o de uno de los demonios y ve que su fuerza está en sus lomos, y su vigor en los músculos de su vientre San Jerónimo cita este versículo en una carta a una noble dama romana, para explicarle la diferencia entre el mundo materialista y la vida espiritual. Dice el Doctor Máximo: “Tal vez me replicaréis que, siendo vos de noble alcurnia, criada en lujo, acostumbrada a dormir sobre colchones de plumas, no podréis absteneros del vino y de alimentos más regalados, ni, en una palabra, vivir conforme a estas leyes que estoy trazándoos. Muy bien, os contestaré aún más seco: ¡Vivid entonces según vuestra ley, ya que no podéis vivir según la ley de Dios! No os doy estos consejos porque Dios, Creador y Señor del universo, se deleite con el bramido de nuestras entrañas hambrientas y de nuestro vientre vacío, o con los ardores de nuestros pulmones fatigados, sino porque de otro modo no está salva la castidad” (A Eustoquia III, 11) Endurece su cola como un cedro; y los nervios de sus muslos son como un solo tejido Sus huesos son tubos de bronce, sus costillas como planchas de hierro Es la primera de las obras de Dios; Él que lo hizo le dio una espada Le dio una espada: los colmillos. Otros expositores traducen: solamente Dios podrá herirlo con su espada Los montes le ofrecen alimento, (alrededor de él) retozan todas las bestias del campo Duerme debajo de los lotes, en la espesura de los juncos y pantanos Los lotos le cubren con su sombra, y le rodean los sauces del río Los lotos: planta acuática tropical, empleada como motivo en el arte egipcio. Vulgata: los sombríos, es decir, plantas sombrías Al desbordar el río no se amedrenta; se queda tranquilo aunque el Jordán le llegue a la garganta Fascina la (presa) con los ojos, y su nariz perfora las redes ¿Pescas tú con anzuelo a Leviatán, y atas con una cuerda su lengua? Leviatán: un monstruo acuático. Tal vez piensa el autor en el enorme cocodrilo, que existe aún y antes abundaba en los ríos africanos. También éste, según los Santos Padres, es figura del diablo. Cf. 41, 24 s.; Salmo 103, 26; Isaías 27, 1 y notas ¿Le meterás un junco en la nariz, le taladrarás con un gancho la quijada? Meterle un junco: Así se hace también hoy con los peces, llevados al mercado. Un gancho, como se pone en las narices de los toros ¿Acaso te dirigirá muchas súplicas, o te dirá palabras tiernas? ¿Hará pacto contigo? ¿Lo tomarás por perpetuo esclavo? ¿Juguetearás con él como con un pájaro? ¿Lo atarás para tus hijas? ¿Lo tomarán los amigos para comida? ¿Se lo repartirán entre sí los mercaderes? El cocodrilo no es artículo de mercado, y no se come su carne. ¿Quién podría apresarlo? ¿Horadarás su cuero con flechas, y con el arpón su cabeza? Pon (una vez) en él tu mano; y no olvidarás el combate; no volverás a hacerlo

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