Job 41
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Continuación del discurso de Dios
1 He aquí que la esperanza (de los cazadores) es vana; su solo aspecto basta para echarlos por tierra.” 2 “Nadie es tan audaz que le despierte. ¿Quién es capaz de mantenerse en pie delante de Mí? Hay muy diferentes versiones de este versículo. Vulgata: No como cruel lo despertaré, pues ¿quién puede resistir a mi semblante? 3 ¿Quién me dio algo primero, para que Yo lo recompense? Mío es lo que hay bajo todo el cielo El apóstol San Pablo expresa este mismo concepto para fundar la libertad de Dios de hacer misericordia a quien quiere (Romanos 11, 35). Cf. también Romanos 9, 15 ss. y I Juan 4, 10, donde el Evangelio enseña que la caridad consiste en que Él nos amó primero 4 No callaré sus miembros, su fuerza, la armonía de sus proporciones El divino Artista se digna hacernos ver las maravillas de su obra. La enseñanza de todo esto es: cuan insignificante resulta el hombre físicamente, frente al poder de estas bestias, y cómo toda nuestra superioridad ha de cifrarse en el espíritu, mediante la gracia divina que lo redime y lo eleva 5 ¿Quién puede abrir las mallas de su cota, franquear la doble fila de sus dientes? 6 Las puertas de su boca ¿quién jamás las ha abierto?; el cerco de sus dientes causa espanto 7 Su espalda cubren escamas en forma de escudos, compactas como un sello de piedra Compactas como un sello de piedra: Texto oscuro y estropeado. Vulgata: apiñado de escamas que se aprietan. Nácar-Colunga: compactas y cerradas como un guijarro. Bover-Cantera: que cerró un sello de piedra 8 Se traba una con otra tan íntimamente, que el aire no puede pasar entre ellas 9 Una está pegada a la otra; asidas entre sí no pueden separarse 10 Sus estornudos son chispas de fuego, sus ojos como los párpados de la aurora 11 De su boca salen llamas y se escapan centellas de fuego 12 Sus narices arrojan humo, como de olla encendida e hirviente 13 Su resoplido enciende carbones y su boca despide llamaradas 14 En su cerviz reside la fuerza, ante él tiembla el mismo espanto Tiembla el mismo espanto. Vulgata: delante de él va la miseria 15 Aun las partes flojas de su carne están unidas entre sí, sin que quede resquicio ni posibilidad de oscilar 16 Su corazón es duro como piedra; tan duro como la muela inferior Duro como piedra: Los Padres usan esta metáfora para pintar el endurecimiento del pecador. El corazón del endurecido se encoge y llega a ser como una roca. Nada puede conmoverle, ni caricias, ni amenazas, ni promesas, ni favores, ni el aspecto de la miseria del prójimo, ni el castigo de Dios. Se asemeja en todo al corazón de leviatán, figura del diablo 17 Cuando se alza tienen miedo los más valientes, y de terror están fuera de sí 18 La espada que le acomete se rompe, lo mismo que la lanza, el dardo y la coraza 19 Estima como paja el hierro, y el bronce como leña carcomida 20 No le pone en fuga el hijo del arco; las piedras de la honda le parecen paja El hijo del arco: la flecha, o el flechero 21 La maza es para él como hojarasca, y se ríe del silbido del venablo 22 Su vientre tiene puntas de teja, se arrastra cual trillo sobre el cieno Vulgata: Debajo de él están los rayos del sol, y se echa sobre el oro como sobre lodo. El hebreo es más claro. Quiere decir: que aún el vientre del monstruo está cubierto de escamas agudas. La segunda parte del versículo alude a las huellas que las escamas dejan en el lodo 23 Hace hervir el abismo como olla, y el mar como caldero de ungüentos 24 Tras él un surco de luz, de modo que el abismo parece canoso Imagen bellísima. Se diría que el abismo tiene cabellos blancos. Sorprende este lenguaje de Dios, que no habla aquí de doctrina espiritual, ni nos descubre expresamente sus designios respecto de Job, sino que acentúa lo que Él ha querido mostrarnos en la Biblia de la naturaleza. Estas cosas palpables nos ayudan a pensar siempre bien de Él, a priori, aunque ignoremos sus planes. Esto es lo que más conviene a nuestra santificación, pues nos lleva al acto de fe y confianza 25 No hay en la tierra semejante a él, pues fue creado para no tener miedo s. En estos dos últimos versículos, que hacen pensar en la horrible bestia cuarta de Daniel (Daniel 7, 7) quizá relacionada con el Anticristo (Apocalipsis 13), vemos acentuarse, bajo la figura de leviatán, la semblanza de Satanás. Nótese que éste, aunque permanece oculto durante todo el debate, es en realidad el verdadero adversario que lucha contra Job, como vimos en el prólogo de esta historia (capítulos 1 y 2), y el único causante de todos sus males, que el paciente atribuye a Dios (cf. Santiago 1, 13; Lucas 13, 16; 22, 31, etc.). Más afortunados que Job, gracias precisamente al ejemplo que Dios nos da en él, nosotros aprendemos aquí que nuestro constante enemigo es el diablo, y que, en vez de querer sondear los designios de Dios cuando sufrimos, debemos pedirle que Él nos libre de ese leviatán mucho más fuerte que nosotros (cf. Salmos 58, 4; 34, 10; 17, 18). Es lo que Jesús nos enseñó a pedir al final del Padrenuestro: “Líbranos del malo” o sea de Satanás (cf. traducción del P. Joüon, S. J., Verbum Salutis V). Job era figura de Cristo, en cuanto sufrió para que aprendiéramos a librarnos del enemigo. Sobre el misterio del diablo nos instruye muchas veces la Sagrada Escritura (Juan 8, 44; II Corintios 11, 14; Génesis 3, 1 ss.; III Reyes 22, 20-22; I Pedro 5, 8; Mateo 13, 19; Apocalipsis 12, 9; I Tesalonicenses 2, 18), así como de su derrota por Cristo (Mateo 12, 22-29; Isaías 9, 3 s.; Zacarías 3, 2; Colosenses 1, 12 s., etc.) 26 Mira (con desprecio) lo más alto; es rey de todos los soberbios.”
Citado en 11
- v. 1 Summa (EN)(II-II 18.3
Suppl 89.8) - v. 17 Summa (EN)(Suppl 89.6)
- v. 24 Summa (EN)(Suppl 99.1)
- v. 25 Summa (EN)(I 64.3
I-II 80.3 II-II 126.1 Suppl 58.2) - v. 26 Summa (EN)(II-II 45.1
II-II 126.1 III 8.7)