Joel 2
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Descripción del castigo
1 Tocad la trompeta en Sión, dad la voz de alarma en mi santo monte. Tiemblen los moradores todos de la tierra, porque viene el día de Yahvé; ya está cerca ss. En lo sucesivo Joel pinta de nuevo la invasión de las langostas, con la diferencia de que en el primer capítulo se nos muestran los efectos de la plaga, y aquí las langostas mismas, o sea el enemigo invasor que viene del norte (v. 20 y nota), su enorme masa, su orden y disciplina, el pánico de la gente, etc. (v. 2-9). Las imágenes de este capítulo (2, 10; 2, 31; cf. 3, 15 s.) fueron retomadas por Jesucristo al describir la destrucción de Jerusalén y el fin del siglo (Mateo 24, 29; cf. Hechos 2, 17-21; II Pedro 3, 10). Según esto, y dado el carácter escatológico de Joel, algunos ven aquí, como en Ezequiel 38, 17 ss. a los pueblos que vienen para la gran batalla de Armagedón (cf. Apocalipsis 16, 16; 19, 19). Jardín de Edén, nombre del paraíso. La Vulgata dice: Jardín de delicias . El sentido es el mismo 2 Día de oscuridad y de densas tinieblas, día de nubes y de sombras espesas. Como la aurora sobre las montañas, así se derrama un pueblo numeroso y fuerte, tal como nunca ha existido desde el principio, ni existirá después de él en el transcurso de las generaciones 3 Delante de él va fuego devorador, y en pos de él llama abrasadora. Delante de él la tierra es como un jardín de Edén, y detrás de él un desierto, una desolación. No hay quien pueda librarse de su poder 4 Su aspecto es como el aspecto de caballos, y como jinetes, así corren 5 Saltan sobre las cimas de las montañas con un estruendo semejante al de los carros; su ruido es como el crepitar de llamas de fuego que devoran la paja; y como un pueblo fuerte, así se ordenan para batalla El ruido de una manga de langostas es parecido al de los carros y al crepitar de una pradera en llamas. Véase Apocalipsis 9, 9 6 A su presencia se estremecen las naciones y todas las caras se ponen pálidas 7 Corren como campeones, como hombres de guerra escalan el muro, marchan cada cual por su senda, sin desviarse de su camino 8 No se empujan unos a otros, cada uno sigue su rumbo; y aun cayendo sobre espadas no se hacen daño No se empujan: Las langostas no se aprietan la una contra la otra, sino que marchan en buen orden como los soldados de un ejército. San Jerónimo refiere haberlas visto volar así en Judea, con un orden perfecto 9 Asaltan la ciudad, corren por el muro, escalan las casas, entran por las ventanas como el ladrón 10 Ante ellos tiembla la tierra, se conmueve el cielo; el sol y la luna se oscurecen, y las estrellas pierden su resplandor “Es el día del Señor. La descripción vuelve a retornar del tipo al antitipo, del espanto causado por las langostas, a los terrores que precederán al gran día de las venganzas de Yahvé. La transición tiene lugar suavemente, naturalmente, porque las imágenes empleadas por el escritor sagrado se ajustan todavía muy bien a la plaga de las langostas aunque van ahora más allá de ella” (Fillion) 11 Yahvé hace resonar su voz al frente de sus batallones, pues muy grande es su ejército, y fuertes son los que ejecutan sus órdenes. Porque grande es el día de Yahvé y muy terrible, ¿quién podrá soportarlo? Sus batallones: Algunos dicen que las langostas son llamadas ejércitos del Señor por ser instrumentos dóciles de la venganza divina. No debe, empero, perderse de vista que los invasores son expulsados y humillados (v. 20), es decir, que no se consuma aquí una venganza contra Israel, sino contra las naciones (véase 3, 9). Otros opinan que este versículo habla realmente del ejército del Señor en la gran batalla del Apocalipsis (Apocalipsis 19, 19). Cf. 3, 13 y nota
Dios exhorta al pueblo a convertirse
12 Ahora, pues, dice Yahvé, convertíos a Mí de todo vuestro corazón; con ayuno, con llanto y plañido 13 Rasgad vuestros corazones, y no vuestros vestidos, y volveos a Yahvé, vuestro Dios; porque Él es benigno y misericordioso, tardo para airarse y de mucha clemencia, y le duele el mal una vez más enseña Dios a su pueblo que el verdadero arrepentimiento, es decir, la sincera contrición, le asegura el perdón de los pecados. “No despreciarás, oh Dios, el corazón contrito y humillado” (Salmo 50, 19). Por lo cual, en tiempos calamitosos, la Iglesia dispone rogativas y nos exhorta a quebrantar el corazón con una auténtica conversión y llevar una vida propia del arrepentimiento. Véase Oseas 11, 8 s.; Lamentaciones 3, 42 y notas 14 ¿Quién sabe si volviéndose no se arrepentirá, y dejará tras sí bendición, ofrenda y libación para Yahvé, vuestro Dios? 15 Tocad la trompeta en Sión, promulgad un ayuno, convocad una solemne asamblea Promulgad un ayuno, porque el ayuno purifica el alma, se entiende, aquel ayuno que se practicaba antiguamente y que consistía en no comer ni beber nada durante las horas del día. “El ayuno, dice San León Magno, engendra los pensamientos castos, las voluntades razonables y rectas, y los más saludables consejos. Con esta aflicción voluntaria la carne muere para las concupiscencias, y el espíritu se renueva con las virtudes” (Sermón II acerca del ayuno). Convocad una solemne asamblea: Se refiere a la asamblea religiosa. Véase II Paralipómenos 20, 13; 30, 17-20; Judit 3. 10 16 Congregad al pueblo, convocad a junta; reunid a los ancianos, juntad a los párvulos y los niños de pecho; salga de su cámara el joven esposo, y de su tálamo la esposa Salga de su cámara, etc.: La admonición es tanto más grave cuanto que la Ley, por no turbar la dicha de los jóvenes esposos, los dispensaba aún de ir a la guerra (Deuteronomio 24, 5). San Pablo enseña a ser fiel al tálamo (I Corintios 7, 5) mas sin poner en ello el corazón (I Corintios 7, 29-31), pues la vida es efímera. Cf. Lucas 17, 30 ss. y notas 17 Entre el pórtico y el altar lloren los sacerdotes, ministros de Yahvé, y digan: “¡Apiádate, Yahvé, de tu pueblo, y no abandones al oprobio la herencia tuya, entregándolos al dominio de los gentiles. ¿Por qué ha de decirse entre las naciones: ¿Dónde está su Dios?” Quiere decir: Los sacerdotes eleven con lágrimas sus plegarias en lo íntimo del Templo, entre la puerta del Santuario propiamente dicho, y el altar de los holocaustos. Cf. 1, 13 s.; Daniel 9, 3 ss., nota. La oración es la llave del cielo. “La oración sube y la misericordia de Dios baja” (San Agustín). La Iglesia nos recuerda este texto en la Liturgia del miércoles de ceniza para que no creamos, como el fariseo del Evangelio (Lucas 18, 11), que sólo el publicano Israel tiene que arrepentirse, ya que “si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13, 1-5); que si Dios no perdonó a la oliva castiza, menos perdonará al acebuche (Romanos 11, 21) que hasta ayer era ajeno a la familia de Dios (Efesios 2, 12); y que mayor suplicio que Israel merecen los que violan la Ley del Nuevo Testamento (Hebreos 10, 29). Véase en efecto, cómo toda la enseñanza de esta profecía nos muestra la misericordia de Dios para con Israel arrepentido, y su terrible venganza contra los gentiles. La herencia tuya: tu puebloPerdón y prosperidad
18 Yahvé ardiendo en celos por su tierra, se ha compadecido de su pueblo; Véase Ezequiel 39, 25 ss. Admiremos una vez más cómo Dios derrocha sus declaraciones de amor. Entre los hombres el que ama suele fingir indiferencia, sabiendo que lo que se prodiga mucho no es apreciado. Dios no usa ese artificio. Siendo El la verdad, no puede fingir. Y tampoco puede dejar de amar, puesto que Él es la caridad. Él no provoca, como los hombres, la duda sobre su amor, sino que, al contrario, hace consistir nuestra virtud en la fe, es decir, precisamente en creer que Él nos ama (I Juan 4, 16). A los que así le creen, les da su Espíritu Santo, o sea les infunde el espíritu de hijos, con la capacidad de amarlo como lo ama Jesús, el Hijo perfecto (Juan 1, 12; Gálatas 4, 6; Romanos 8, 29, etc.). Vemos que, si no nos creemos amados del Padre, en vano pretenderíamos amarlo. De ahí que le tengamos poco amor, porque nos cuesta creernos amados de Él. Y es por una falsa modestia, que viene de no tener presente la gran revelación de que Él nos ama primero (I Juan 4, 10). Por eso, para que le creamos, nos prodiga Él tanto sus declaraciones de amor, como lo vemos especialmente en el Cantar de los Cantares (cf. 4. 1 y nota) y sobre todo en las palabras de Jesús. Véase Juan 15, 9; 17, 23 y 26, etc. Se ha compadecido: El profeta, que ha predicado la contrición en la suprema angustia de Israel (v. 12-17), no nos dice aquí nada de su conversión anunciada en Deuteronomio 30, 8 (cf. Oseas 3, 5 y nota). Es sin duda para destacar que todo será obra de la divina misericordia (véase Isaías 60, 20; Jeremías 30, 13 y nota; cf. Romanos 11, 5 s. etc.). De aquí las dos tendencias divergentes que aún hay entre los judíos: los sionistas, que quieren preparar el día del Señor, y aquellos otros que no quieren pensar en apresurarlo, porque dicen “que el Mesías lo hará todo a su tiempo” 19 y respondiendo dice Yahvé a su pueblo: Mirad, Yo os enviaré trigo, vino y aceite, y os saciaréis con ello; y no os haré ya más objeto de oprobio entre las naciones No os haré yo más objeto de oprobio: Véase v. 26 y 27; Ezequiel 39, 22-29 y notas 20 Alejaré de vosotros a aquel (que viene) del norte, y lo empujaré hacia una tierra árida y desierta, su vanguardia hacia el mar oriental, y su retaguardia hacia el mar occidental; y subirá su fetidez y se alzará su hedor, por haber obrado con soberbia Aquel que viene del norte: Los enemigos que vienen del norte (cf. Ezequiel 38, 15; 39, 1 s.) serán arrojados fuera y perecerán (cf. Ezequiel 39, 3-16). Algunos lo identifican con el rey del norte, que aparece en Daniel 11, 45, y con el asirio de Miqueas 5, 6, nombre que suele representar a las naciones enemiga de Israel (véase Isaías 5, 25 y nota; 8, 7 s.; 10, 5-34; 14, 24 s.; 30, 31 ss.. etc.). Es uno de los tantos misterios de la escatología que no han sido suficientemente aclarados. El mar oriental: el Mar Muerto. El mar occidental: el Mediterráneo. Su fetidez: Cf. Ezequiel 39, 11 ss 21 No temas, tierra, gózate y alégrate, porque Yahvé ha hecho cosas maravillosas 22 No temáis, animales del campo; pues reverdecen los pastos del desierto; los árboles dan su fruto, y la higuera y la vid sus riquezas 23 Saltad de gozo, hijos de Sión, y regocijaos en Yahvé, vuestro Dios; porque Él os dará al Maestro de la justicia; y hará caer sobre vosotros las lluvias, la lluvia temprana y la tardía, como anteriormente El Maestro de la justicia: Muchos vierten simplemente: “Él os ha dado justamente (es decir, a su tiempo) la lluvia”, etc. Los Setenta traducen: Él os ha dado manjares di justicia . Es evidente que el Maestro de la justicia, no podría ser aquí sino el Mesías, pues aunque los judíos siguen llamando a Moisés “nuestro maestro”, aquí no se trata de la Ley, sino de los tiempos mesiánicos, en los cuales todos serian enseñados de Dios (Isaías 54, 13; Juan 6, 45; Isaías 63, 1; Jeremías 31, 31 ss.; Hebreos 8, 8 ss., etc.) 24 Se llenarán de trigo las eras, y los lagares rebosarán de vino y de aceite 25 Os compensaré los años que comió la (langosta), la arbeh, la yélek, la chasil y la gazam, mi gran ejército que envié contra vosotros 26 Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el Nombre de Yahvé, vuestro Dios, que ha hecho maravillas en favor de vosotros; y nunca jamás será confundido mi pueblo 27 Sabréis que en medio de Israel estoy Yo, y que Yo soy Yahvé, vuestro Dios, y que no hay otro; y jamás será avergonzado el pueblo mío Sabréis, etc. Nótese el contraste con las palabras del Precursor, que echaba en cara a Israel su desconocimiento (Juan 1, 26). Y jamás, etc.: véase 3, 20 y notaCitado en 34
- Este capítulo Slavorum Apostoli(§19)
- v. 3 Veritatis Splendor(§105)
- v. 5 Mediator Dei(§189)
- v. 6 Mediator Dei(§189)
- v. 7 Mediator Dei(§189)
- v. 8 Mediator Dei(§189)
- v. 9 Mediator Dei(§189)
- v. 10 Mediator Dei(§189)
- v. 11 Mediator Dei(§189)
- v. 12 CCC(¶1430)Summa (EN)(II-II 147.1)Preguntas(Después de usar anticonceptivos o de una esterilización)Mediator Dei(§189)Paenitentiam Agere(§7)
- v. 13 CCC(¶1430)Summa (EN)(III 84.7
III 86.1) Preguntas(Después de usar anticonceptivos o de una esterilización)Dives In Misericordia(§4)Mediator Dei(§189)Paenitentiam Agere(§7)Slavorum Apostoli(§19) - v. 14 Mediator Dei(§189)
- v. 15 Summa (EN)(II-II 147.4)Mediator Dei(§189
§204) - v. 16 Summa (EN)(II-II 147.4)Mediator Dei(§189
§204) - v. 17 Paenitentiam Agere(§5
§7) - v. 23 Summa (EN)(III 9.4)
- v. 25 Summa (EN)(III 89.5)
- v. 28 Christifideles Laici(§50)