1Después de algún tiempo, en los días de la siega del trigo, Sansón visitó a su mujer, llevando un cabrito, y dijo: “Me llegaré a mi mujer, en su aposento.” Pero el padre de ella no le dejó entrar2 Pues dijo su padre: “Yo pensaba que tú no le tienes más que odio; por tanto se la di a uno de tus compañeros. ¿No es su hermana menor más hermosa que ella? Sea ella tuya, en su lugar.”3 Pero Sansón les dijo: “Esta vez no pueden quejarse de mí los filisteos, si les hago mal.”4 Fue Sansón y tomó trescientas zorras y teas, y atándoles cola con cola, puso una tea entre cada dos colasLas zorras, lo mismo que los chacales, abundan en Palestina (Cantar de los Cantares 2, 15; Lamentaciones 5, 18; Ezequiel 13, 4; Salmo 62, 11). Dios pudo ponerlas fácilmente al alcance de Sansón. La historia antigua conoce ejemplos semejantes (Ovidio. Fasti 4. 681 ss. y Amiano Marcelino 18, 7). El efecto de la curiosa acción es que los animales asustados llevan el tizón encendido por los campos, incendiando de ese modo las mieses5 Luego, encendiendo las teas, las soltó entre las mieses de los filisteos; y así quemó las gavillas y las mieses en pie, y hasta las viñas y los olivares6 Preguntaron los filisteos: “¿Quién ha hecho esto?” Y se les dijo; “Sansón, yerno del Timnateo; por cuanto éste ha tomado su mujer y se la ha dado a uno de sus compañeros.” Subieron los filisteos y quemaron tanto a ella como a su padre7 Entonces les dijo Sansón: “Ya que habéis hecho esto, no cesaré hasta que haya tomado venganza de vosotros.”8 Les dio rudos golpes sobre muslos y lomos haciendo un destrozo grande; luego bajó y habitó en una caverna del peñón de Etam
Nuevas hazañas de Sansón
9 Entonces subieron los filisteos y acamparon en Judá, desplegando sus fuerzas cerca de Lehí10 Preguntaron los hombres de Judá: “¿Por qué habéis subido contra nosotros?” A lo que respondieron: “Hemos subido para atar a Sansón, a fin de hacer con él según él ha hecho con nosotros.”11 Y bajaron tres mil hombres de Judá a la caverna del peñón de Etam, y dijeron a Sansón: “¿No sabes que los filisteos dominan sobre nosotros? ¿Qué es esto que has hecho?” Él les contestó: “Como ellos hicieron conmigo, así he hecho yo con ellos.”12 Y le dijeron: “Hemos bajado para atarte, a fin de entregarte en manos de los filisteos.” Sansón les dijo: “Juradme que no me vais a matar.”13 Ellos le respondieron diciendo: “No, solamente te ataremos y te entregaremos en poder de ellos, pero de ninguna manera te mataremos.” Lo ataron con dos sogas nuevas, y le sacaron del peñón14 Cuando llegó a Lehí, los filisteos le salieron al encuentro con grande algazara. Mas el Espíritu de Yahvé vino sobre él; las sogas que tenía sobre sus brazos fueron como hilos de lino que se queman por el fuego, y se deshicieron las ligaduras de sobre sus manosSansón destroza a los filisteos con una quijada de asno
Gustave Doré (1832-1883), La Grande Bible de Tours (Alfred Mame et fils, Tours, 1866)
The Doré Bible Illustrations (Dover Publications, 1974) — Imágenes facilitadas por Rev. Felix Just, S.J.15 Y como hallase la quijada de un asno recién muerto, alargó la mano, la agarró y mató con ella a mil hombres16 Dijo entonces Sansón: “Con la quijada de un asno (maté) un montón, dos montones; con la quijada de un asno he matado mil hombres.”Cf. I Corintios 1, 27 s.; en el texto hebreo hay un juego de palabras entre asno y montón17 Dicho esto, arrojó la quijada de su mano; y llamó aquel lugar Ramat-Lehí18 Y teniendo grandísima sed, clamó a Yahvé, diciendo: “Tú has obrado esta gran liberación por manos de tu siervo; y ahora me muero de sed y caigo en manos de los incircuncisos.”19 Entonces hendió Dios la piedra hueca que hay en Lehí, y salió de allí agua. Cuando hubo bebido, se reanimó y recobró sus fuerzas. Por tanto, fue llamado aquella fuente En Hakoré, que es la que hoy todavía existe en LehíHendió Dios la piedra hueca que hay en Lehí . La Vulgata vierte: El Señor abrió una muela en la quijada del asno . Esta fuente se veía aún en tiempo de San Jerónimo en las cercanías de Eleuterópolis, ciudad de la llanura filistea20 Sansón juzgó a Israel en los días de los filisteos durante veinte años.Juzgó a Israel; es decir, reinó en Israel, pero no en todo el país, sino solamente en una pequeña parte