Judit 4
La Nova Vulgata no revisa la traducción de san Jerónimo de este libro, como hace en los demás: imprime en su lugar una traducción latina más antigua, de modo que un mismo número de capítulo y versículo designa un texto distinto en ella y en la Vulgata Clementina.
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Israel se prepara para la guerra
1 Cuando los hijos de Israel, habitantes de la tierra de Judá, supieron esto, temieron sobremanera su llegada 2 Invadió sus corazones el terror y el espanto, porque temían que hiciese con Jerusalén y con el Templo del Señor lo que había perpetrado en las otras ciudades y sus templos Los LXX agregan: “porque acababan de volver del cautiverio y de juntarse todo el pueblo de la Judea y de santificar los vasos y el altar y el Templo, de la pasada profanación”. No se trata del cautiverio de Babilonia, sino de la dispersión cuando Manasés fue deportado bajo Asurbanipal (II Paralipómenos 33, 11 ss.). Cf. la introducción al presente libro 3 Enviaron gente a toda la frontera de Samaría hasta Jericó, ocuparon de antemano todas las cimas de los montes, 4 cercaron de muros sus aldeas y almacenaron granos, preparándose para la guerra 5 Asimismo el sacerdote Eliaquim escribió a todos los que habitaban enfrente de Esdrelón, ante la gran llanura cerca de Dotain, y a todos los lugares por los cuales (el enemigo) podía pasar, Eliaquim, Sumo Sacerdote, el mismo que en 15, 9 es llamado Joaquim. Ambos nombres significan lo mismo: Dios auxilia. Esdrelón: llanura entre Samaría y Galilea 6 que ocupasen las subidas de los montes, por donde se podía ir a Jerusalén, y custodiasen los pasos estrechos que podía haber entre los montes 7 Los hijos de Israel hicieron conforme se lo había ordenado Eliaquim, sacerdote del Señor 8 Todo el pueblo invocó al Señor con grandes instancias, y humillaron sus almas con ayunos y oraciones, así ellos como sus mujeres ss. Cf. 6, 15 y 21; II Paralipómenos 20, 13 y nota. La oración y penitencia en común deberían ser imitadas, pues fueron la salvación de Israel cuando la patria estaba en peligro. La penitencia de todo un pueblo tiene tal poder que se borran por ella sus crímenes y pecados. La iniquidad de Nínive fue tan grave que Dios le anunció la ruina. Sin embargo la perdonó cuando el rey y el pueblo hicieron penitencia (Jonás capítulo 3). “¡Oh penitencia!, exclama San Crisóstomo, ¿cómo cantaré tus maravillas? Rompes todas las cadenas, reprimes toda tibieza, dulcificas toda adversidad, curas toda llaga, disipas todas las tinieblas y reparas todo lo que se halla desesperado” (Sermo de Poenitentia). Cf. Joel 2, 12 ss 9 Los sacerdotes vistieron cilicios y los niños se postraron por tierra delante del Templo del Señor, cuyo altar cubrieron también de cilicio 10 Y clamaron todos al Señor, Dios de Israel (pidiéndole) que no fuesen llevados presos sus hijos, ni repartidas sus mujeres, ni exterminadas sus ciudades, ni profanado su Santuario, para que no llegasen a ser el oprobio de las naciones