Levítico 22
Biblia Straubinger
© Juan Straubinger Fuente: lasantabiblia.com.ar
Las comidas sagradas
1 Habló Yahvé a Moisés y dijo: ss. Los preceptos de este capítulo se refieren a los sacerdotes, los que como ministros del Santuario tenían el derecho de vivir del mismo, pues “el obrero es acreedor a su salario”, como dice Jesús al dar a los apóstoles la misión de predicar (Mateo 10, 10). San Pablo, que personalmente renunciaba a todos los emolumentos del ministerio apostólico, reconoce ese mismo principio para sus compañeros; pues dice: “¿No sabéis que los que desempeñan funciones sagradas, viven del Templo, y los que sirven al altar, del altar participan? Así también ha ordenado el Señor que los que anuncian el Evangelio, vivan del Evangelio” (I Corintios 9. 13 s.) 2 “Di a Aarón y a sus hijos que respeten las ofrendas santas que los hijos de Israel me consagran y que no profanen mi santo nombre. Yo soy Yahvé 3 Diles: Cualquiera de todo vuestro linaje de vuestras generaciones que siendo, impuro se acercare a las cosas santas que los hijos de Israel consagran a Yahvé, será extirpado delante de Mí. Yo soy Yahvé 4 Ninguno de la estirpe de Aarón que sea leproso o tenga flujo, comerá de las cosas santas, hasta que se purifique. El que tocare a una persona contaminada por contacto con un cadáver, o el que haya tenido un derrame de semen, 5 o haya tocado algún reptil que lo contaminó, o a una persona que le contaminó con cualquier clase de impureza: 6 quien tocare estas cosas, quedará impuro hasta la tarde, y no comerá de las cosas santas, sino que lavará su cuerpo con agua; 7 y después de la puesta del sol quedará limpio y podrá comer de las cosas santas, pues son su alimento 8 No comerá de bestia muerta o desgarrada (por fieras) , para no contaminarse con ella. Yo soy Yahvé 9 Que guarden mis preceptos, no sea que cargados de pecados mueran por ellos, por haber profanado (lo santo) . Yo soy Yahvé, que los santifico Para que no mueran en el Santuario como Nadab y Abiú. Cf. capítulo 10 10 Ningún extraño comerá de las cosas santas; tampoco ningún huésped del sacerdote ni jornalero suyo coma de las cosas santas 11 Pero el esclavo comprado por el sacerdote con su dinero, éste podrá comer de ellas, también los siervos nacidos en su casa podrán comer de su pan 12 La hija de un sacerdote casada con hombre extraño, no podrá comer de lo que ha sido alzado de las cosas santas 13 Mas si la hija del sacerdote quedare viuda o repudiada, sin tener hijo, y volviere a la casa de su padre, podrá comer del pan de su padre, como en su juventud; pero ningún extraño comerá de él 14 Quien por ignorancia comiere de cosa santa, la restituirá al sacerdote, añadiendo una quinta parte 15 No profanen, pues, (los sacerdotes) las cosas santas ofrecidas por los hijos de Israel a Yahvé; Los cargarían , etc.: ¡Qué verdad tan tremenda! El pueblo participa en la maldad de los sacerdotes de la misma manera que es participe de sus bendiciones. ¿No dice lo mismo el refrán: “Qualis rex, talis grex”? Meditemos en lo que dice Yahvé a los sacerdotes por medio del profeta Malaquías: “Vosotros habéis escandalizado a muchísimos, haciéndoles violar la Ley... por eso también Yo os he hecho despreciables y viles delante de todo el pueblo” (Malaquías 2, 8 s.). El sacerdote que desprecia la Ley de Dios, es objeto del desprecio del pueblo 16 pues los cargarían con la iniquidad del delito que cometen al comer de sus cosas santas. Yo soy Yahvé, que los santifico.”