San Marcos 11

Entrada triunfal en Jerusalén

Cuando estuvieron próximos a Jerusalén, cerca de Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Id a la aldea que está enfrente de vosotros; y luego de entrar en ella, encontraréis un burrito atado, sobre el cual nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo La aldea de Betfagé, situada entre Jerusalén y Betania (Mt. 21, 1 ss.; Lc. 19, 29 ss.; Jn. 12, 12 s.) Y si alguien os pregunta: “¿Por qué hacéis esto?”, contestad: “El Señor lo necesita, y al instante lo devolverá aquí” Partieron, pues, y encontraron un burrito atado a una puerta, por de fuera, en la calle, y lo desataron Algunas personas que se encontraban allí, les dijeron: “¿Qué hacéis, desatando el burrito?” Ellos les respondieron como Jesús les había dicho, y los dejaron hacer Llevaron, pues, el burrito a Jesús y pusieron encima sus mantos, y Él lo montó Y muchos extendieron sus mantos sobre el camino; otros, brazadas de follaje que habían cortado de los campos Y los que marchaban delante y los que seguían, clamaban: “¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! Con la aclamaci ón Hosanna: ¡Ayúdanos (oh Dios)! el pueblo quiere expresar su desbordante alegría según el Salmo 117, 25 s ¡Bendito sea el advenimiento del reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!” Y entró en Jerusalén en el Templo, y después de mirarlo todo, siendo ya tarde, partió de nuevo para Betania con los Doce
La higuera estéril
Al día siguiente , cuando salieron de Betania, tuvo hambre Era el lunes de Semana Santa Y divisando, a la distancia, una higuera que tenía hojas, fue para ver si encontraba algo en ella; pero llegado allí, no encontró más que hojas, porque no era el tiempo de los higos ss. La maldición de la higuera simboliza la reprobación del pueblo de Israel, rico en hojas pero estéril en frutos (Mt. 21, 18 s.; Lc. 13, 6 ss.) Entonces, respondió y dijo a la higuera: “¡Que jamás ya nadie coma fruto de ti!” Y sus discípulos lo oyeron
Indignación de Jesús por el Templo profanado
Llegado a Jerusalén, entró en el Templo, y se puso a expulsar a los que vendían y a los que compraban en el Templo, y volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían las palomas; y no permitía que nadie atravesase el Templo transportando objetos Y les enseñó diciendo: “¿No está escrito: «Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones»? Pero vosotros, la habéis hecho cueva de ladrones” Véase Is. 56, 7; Jr. 7, 11; Cf. Mt. 21, 12-46; Lc. 19, 45-47; Jn. 2, 14-16 Los sumos sacerdotes y los escribas lo oyeron y buscaban cómo hacerlo perecer; pero le tenían miedo, porque todo el pueblo estaba poseído de admiración por su doctrina Y llegada la tarde, salieron ( Jesús y sus discípulos ) de la c iudad
Poder de la fe
Al pasar ( al día siguiente ) muy de mañana, vieron la higuera que se había secado de raíz ss. Véase Mt. 21, 20-22 Entonces, Pedro se acordó y dijo: “¡Rabí, mira! La higuera que maldijiste se ha secado” Y Jesús les respondió y dijo: “¡Tened fe en Dios! s. Sobre este punto principalísimo véase 9, 19 ss.; Mt. 17, 20; Lc. 17, 20 y notas En verdad, os digo, quien dijere a este monte: “Quítate de ahí y échate al mar”, sin titubear interiormente, sino creyendo que lo que dice se hará, lo obtendrá Por eso, os digo, todo lo que pidiereis orando, creed que lo obtuvisteis ya, y se os dará Tal es la eficacia de la fe viva, la del que no es “vacilante en su corazón” (v. 23; St. 1, 6 ss.) y perdona a su prójimo (v. 25) Y cuando os ponéis de pie para orar, perdonad lo que podáis tener contra alguien, a fin de que también vuestro Padre Celestial os perdone vuestros pecados [Si no perdonáis, vuestro Padre que está en los cielos no os perdonará tampoco vuestros pecados]” El vers. 26 falta en los mejores códices. Pertenece a Mt. 6, 15
Controversia sobre el poder de Jesús
Fueron de nuevo a Jerusalén. Y como Él se pasease por el Templo, se le llegaron los jefes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos , ss. Véase Mt. 21, 23 ss.; Lc. 20, 1-8 y le dijeron: “¿Con qué poder haces estas cosas, y quién te ha dado ese poder para hacerlas?” Jesús les contestó: “Os haré Yo también una pregunta. Respondedme, y os diré con qué derecho obro así: El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme” Mas ellos discurrieron así en sí mismos: “Si decimos «del cielo», dirá: «entonces ¿por qué no le creísteis?» Y ¿si decimos: “de los hombres”?” –pero temían al pueblo, porque todos tenían a Juan por un verdadero profeta Respondieron, pues, a Jesús: “No sabemos”. Entonces, Jesús les dijo: “Y bien, ni Yo tampoco os digo con qué poder hago esto”.

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