Nehemías 5

Malestar social

Se levantó entre el pueblo y sus mujeres un gran clamor contra sus hermanos, los judíos ss. Véase Isaías 5, 7 ss.; Lamentaciones 5, 4 Algunos decían: “Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos. Por eso debemos comprar trigo, para que podamos comer y vivir.” Otros decían: “Estamos empeñando nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas, para poder comprar trigo en la carestía.” Otros decían: “Hemos hipotecado nuestros campos y nuestras viñas, para (pagar) los tributos del rey Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, y nuestros hijos son como los hijos de ellos. Sin embargo, he aquí que tenemos que sujetar a servidumbre a nuestros hijos y a nuestras hijas. Algunas de nuestras hijas están sujetas ya, sin que tengamos con qué (rescatarlas), pues nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros.” La Ley permitía vender los hijos como esclavos, con tal que recobrasen la libertad en el año séptimo (Éxodo 21, 2 ss.; Levítico 25, 39 ss.; Deuteronomio 15, 12). No nos escandalicemos de estas leyes puestas por la Sabiduría divina. Asombrémonos más bien de los innumerables padres que hoy suprimen la vida y matan así a sus hijos antes de nacer (cf. Génesis 38, 8 ss.)
Medidas contra la usura
Al oír sus clamores y estas quejas me indigné mucho; y después de haber reflexionado conmigo mismo, me opuse a los nobles y a los magistrados, y les dije: “¡Con que vosotros prestáis a usura, cada uno a su hermano!” Y convoqué contra ellos una gran asamblea, y les dije: “Nosotros según nuestras facultades hemos rescatado a nuestros hermanos judíos, que habían sido vendidos a los paganos; ¿y vosotros queréis ahora vender a vuestros hermanos, después de rescatados por nosotros?” Ellos callaron, no hallando qué responder Y añadí: “No es bueno lo que hacéis. ¿No debéis más bien andar en el temor de nuestro Dios, para no ser el oprobio de los paganos, enemigos nuestros? También yo, mis hermanos y mis servidores les hemos prestado dinero y trigo; pero dejemos esta usura Devolvedles hoy mismo sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas y el uno por ciento del dinero, del trigo, del vino y del aceite que les exigís como interés.” El uno por ciento. Se entiende, mensualmente; usura gravísimamente condenada por las sabias leyes de Moisés (cf. Éxodo 22, 25; Levítico 25, 36; Ezequiel 22, 12). Admiremos en todo este relato cómo un tremendo problema social puede ser resuelto por un gran jefe, siempre que éste ponga su confianza en Dios y no en sí mismo Respondieron: “Se los devolveremos, y no les exigiremos nada; haremos como tú dices.” Entonces llamé a los sacerdotes, e hice jurar a aquellos que harían según esta promesa Con esto sacudí mi seno y dije: “¡Así sacuda Dios de su casa y de sus bienes a todo hombre que no cumpla esta palabra; y así quede sacudido y sin nada!” Respondió toda la asamblea: “¡Amén!”, y alabaron a Yahvé. E hizo el pueblo conforme a esto
El buen ejemplo de Nehemías
Desde el día en que fui constituido gobernador del país de Judá, desde el año veinte hasta el año treinta y dos del rey Artajerjes, durante estos doce años, ni yo ni mis hermanos comimos pan de gobernador, ss. Nehemías no solamente predica desinterés y magnanimidad sino que él mismo vive según los principios que prescribe a otros. No podemos hablar de justicia social si no empezamos por aplicarla en nuestra propia casa. ¿Qué dirá el Supremo Juez a los que por justicia social sólo entienden el bienestar propio? Las palabras de Cristo son terminantes y no dejan lugar a duda (Mateo 25, 41 ss.) en tanto que los gobernadores primeros, antecesores míos, habían cargado al pueblo, tomando de él pan y vino, y además cuarenta siclos de plata; y aun sus servidores oprimían al pueblo; mas yo, por temor de Dios, no hice así Antes bien, trabajé personalmente en la restauración de esta muralla. No adquirimos campo alguno, y todos mis criados se juntaron allí para trabajar Tenía a mi mesa ciento cincuenta judíos y magistrados, sin contar a los que nos venían de los pueblos circunvecinos Cada día se aderezaba un buey y seis ovejas escogidas y aves, y cada diez días toda suerte de vino en abundancia; y con todo esto, no he buscado pan de gobernador; porque los trabajos pesaban sobre este pueblo s. Esta generosidad que a algunos podrá parecer rumbosa, y que está en fuerte contraste con la dureza de corazón de los grandes, es la virtud de la verdadera y auténtica magnificencia, de que habló el Papa Pío XI al recomendar a los ricos, gastos y obras que den bienestar a otros, aunque no fuesen absolutamente necesarias. Sobre la hospitalidad generosa cf. Lucas 14, 12-14; Hebreos 13, 2 (que se refiere a Génesis 18 y 19); I Pedro 4, 9 ¡Oh Dios mío, acuérdate, para bien mío, de todo lo que he hecho por este pueblo!

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