Salmos 10

Salmo 9 b (10)

¿Por qué, Yahvé, te estás lejos? ¿Te escondes en el tiempo de la tribulación, mientras se ensoberbece el impío, y el pobre es vejado y preso en los ardides que aquél le urdió? Porque he aquí que el inicuo se jacta de sus antojos, el expoliador blasfema despreciando a Yahvé Blasfema: literalmente en hebreo: bendice : “antífrasis” que entre los hebreos por eufemismo significa: maldice, blasfema (cf. Job 1, 5) En el orgullo de su mente dice el impío: “Él no tomará venganza; Dios no existe.” Tal es todo su pensamiento Sus caminos prosperan en todo tiempo; lejos de su ánimo están tus juicios; menosprecia él a todos sus adversarios Menosprecia a todos sus adversarios: literalmente, resuella a bocanadas sobre ellos. Gesto característico de desprecio en Oriente (Manresa, Ubach, etc.). Sobre el misterio de la prosperidad de los impíos véase los Salmos 36, 48, 52, 73, etc En su corazón dice: “No seré conmovido; de generación en generación estaré al abrigo de la adversidad.” Su boca está llena de maldición, de astucia y de violencia; bajo su lengua lleva la maldad y la mentira Se pone en acecho junto al poblado, en lo escondido, para matar al inocente. Sus ojos están espiando al pobre; insidia en la oscuridad como el león que desde su guarida está asechando al desvalido para atraparlo; lo arrebata y lo atrae a su red; se encoge, se agacha hasta el suelo, y el desdichado cae en sus garras Dice en su corazón: “Dios está desmemoriado, apartó su rostro, nunca ve nada.” ss. San Pablo cita este pasaje en Romanos 3, 14, junto con Salmo 13, 3. Retrato maestro de la diabólica confianza con que procede el impío prepotente. Es que “la codicia mundana produce la fortaleza de los gentiles”, dice San Próspero. Y añade, por contraste: “en cambio, la fortaleza de los cristianos es producida por el amor a Dios, el cual se derrama en nuestros corazones, no por arbitrio de la voluntad que tiene origen en nosotros, sino por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Cf. también Romanos 5, 5 Levántate, Yahvé Dios mío, alza tu mano; no quieras olvidarte de los afligidos ¿Cómo es que el impío desprecia a Dios, diciendo en su corazón: “No tomará venganza”? Vemos aquí las consecuencias de creer en un Dios pasivo. Si creemos que Dios se olvida de nosotros, también le olvidaremos a Él Mas Tú lo estás viendo. Tú consideras el afán y la angustia, para tomarlos en tus manos. A Ti está confiado el pobre; Tú eres el protector del huérfano Si bien el salmista se entristece al ver que los impíos prosperan, su firme esperanza de que Dios será el amparo de los débiles se verá cumplida en los versículos 16 y siguientes Quebranta Tú el brazo del impío y del maligno; castigarás su malicia y no subsistirá Yahvé es Rey para siglos eternos; los gentiles fueron exterminados de su tierra ss. Para siglos eternos: «Y su reino no tendrá fin» (Credo de la Misa). Como en Salmo 9 a, 8 ss., el salmista, en lenguaje profético, da por llegada ya su gran esperanza. Cf. Lucas 1, 32; I Corintios 15, 25; Hebreos 2, 8; Salmo 71, 5 ss., etc Ya escuchaste, Yahvé, el deseo de los humildes; confirmaste su corazón y prestaste oído, para tomar en tus manos la causa del huérfano y del oprimido, a fin de que nunca más vuelva a infundir pavor el hombre de tierra. Sobre esta formidable sentencia contra la gloria del hombre, véase Salmo 9 a, 20 s. y nota

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