Salmos 26

Confianza del hombre recto

De David. Hazme justicia, oh Yahvé: he procedido con integridad: y, puesta en Yahvé mi confianza, no he vacilado Este Salmo, clamor del alma escandalizada ante la corrupción del mundo, pertenece quizás a los tiempos en que David se vio obligado a huir de Saúl, o más probablemente de Absalón, lejos del Arca del Señor (II Reyes 15, 25). De ahí su ardiente deseo de volver a ver el santo Tabernáculo (versículos 6-8). Hazme justicia: Vulgata: júzgame , es decir, sé Tú mi Juez. Cf. Salmo 16, 2 y nota; 42, 1, etc Escrútame, Yahvé, y sondéame; acrisola mi conciencia y mi corazón ¡No permitas que en mí haya doblez! Cf. Juan 1, 47; 3, 19; Santiago 4, 8. Este saludable horror al contagio del mundo prueba la auténtica humildad de David. Quiere que Dios lo sondee hasta el fondo, como sólo puede penetrarlo Él (Salmo 138, 1 ss.), y extirpe con fuego cuanto pueda desagradarle Porque, teniendo tu bondad presente a mis ojos, anduve según tu verdad He aquí todo un programa para andar según la verdad: tener siempre ante los ojos de la fe la bondad con que Dios nos ama (cf. Efesios 2, 4 y nota). No hay peligro, entonces, de querer apartarnos de Él, pues “donde está vuestro tesoro está vuestro corazón”. La Verdad es Cristo (Juan 14, 6), y del amor que Él nos tiene nada hay capaz de separarnos (Romanos 8, 35 ss.) No he tomado asiento con hombres inicuos, ni busqué la compañía de los que fingen; s. Ni con los inicuos y malvados, que abiertamente se apartan de Dios (cf. Salmos 1, 1; 100, 3 ss.), ni con los fingidos e impíos, que invocan a Dios por conveniencia y con doblez. Cf. Salmo 113 b, 1 y nota; Mateo 23, 1 ss.; I Juan 2, 15-17 aborrecí la sociedad de los malvados, y con los impíos no tuve comunicación Lavo mis manos como inocente y rodeo tu altar, oh Yahvé, Los versículos 6-12 se recitan en el Lavabo de la Misa según el texto de la Vulgata. Lavarse las manos delante del pueblo era señal de no ser culpable de homicidio (Deuteronomio 21, 6 s.). También lo hizo Pilatos para protestar de su inocencia en el proceso contra Jesús (Mateo 27, 24). Es, pues, un; “gesto” que requiere conciencia recta. David no fue siempre un inocente, pero sí un penitente de perfecta contrición para levantar mi voz en tu alabanza y narrar todas tus maravillas Se trata de levantar la voz delante de todos, y no de “oír”, como dice la Vulgata Amo, Yahvé, la casa de tu morada, el lugar del tabernáculo de tu gloria Sobre el amor de David por la Casa del Señor, véase en II Reyes 7, 2 ss., su ansia de edificar el Templo, y en III Reyes 7, 51. los tesoros que dejó él cuando supo que Dios había destinado a su hijo Salomón para construirlo. La Vulgata dice: “Amo el decoro.” A este respecto cf. sobre el Tabernáculo, Éxodo 25, 30, y sobre el Templo, III Reyes 6; Ezequiel 40 ss No quieras juntar mi alma con los pecadores, ni mi vida con los sanguinarios, que en sus manos tienen crimen, y cuya diestra está llena de soborno, Sobre el “soborno” véase Deuteronomio 16, 19; I Reyes 8, 3; 12, 3 y las tremendas admoniciones de los Salmos 57 y 81 contra los magistrados en tanto que yo he procedido con integridad; sálvame y apiádate de mí Ya está mi pie sobre camino llano; en las asambleas bendeciré a Yahvé. Aquí, como en varios otros finales, el salmista nos muestra haber conseguido ya lo que antes pedía, como para estimular nuestra confianza en la oración. Sobre las asambleas o solemnidades, cf. Levítico 23; Números 28, 18 y 25, etc

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