Salmos 3

El eterno es mi escudo

Salmo de David cuando huía de su hijo Absalón Absalón, el hijo ingrato y rebelde, había colocado a David en las más penosas angustias de modo que el padre, abandonado, tuvo que huir de Jerusalén con un puñado de fieles (II Reyes capítulos 15-18) Oh Yahvé, ¡cuán numerosos son mis perseguidores! ¡Cuantos se levantan contra mí! Muchos son los que dicen de mi vida: “No hay para él salvación en Dios.” Pero Tú, Yahvé, eres mi escudo, Tú mi gloria, Tú quien me hace erguir la cabeza Mi escudo : expresión grata a David (cf. Salmo 5, 13), el cual, perseguido y desamparado, cifra su única defensa en el Señor Con mi voz invoco a Yahvé y Él me oye desde su santo monte Santo monte: el monte Sión de Jerusalén (cf. Salmo 2, 6), donde David erigió un altar y un tabernáculo para el Arca de la Alianza, con un amor que Dios no había de olvidar (cf. Salmo 131; Ezequiel 45, 4 y notas; Hechos 15, 16). Su hijo Salomón levantó allí el primer templo Me acuesto y me duermo, y despierto incólume, porque Yahvé me sostiene No temo a los muchos millares de gentes que en derredor se ponen contra mí Levántate, Yahvé; sálvame, Dios mío, Tú que heriste en la mejilla a todos mis enemigos, y a los impíos les quebraste los dientes De Yahvé viene la salvación, ¡Que sea tu bendición sobre tu pueblo! El santo rey perdona a su pueblo infiel e implora sobre él la bendición de Dios. Hermoso ejemplo de amor a los enemigos en el Antiguo Testamento (cf. Salmo 7, 5 y nota; Mateo 5, 43 y nota)

Citado en 3

  • v. 15 Providentissimus Deus(§55)
  • v. 16 Providentissimus Deus(§55)
  • v. 17 Providentissimus Deus(§55)