1 Corintios 16

(16, 1-24)

Acerca de la colecta

En cuanto a la colecta para los santos, según he ordenado a las Iglesias de Galacia, haced también vosotros Los santos o cristianos a que se refiere el Apóstol, son los pobres de la Iglesia de Jerusalén. Cf. Hch. 24, 17; 2 Co. cap. 8 y 9; Rm. 15, 26 El primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte para sí lo que sea de su agrado, reservándolo, no sea que cuando llegue yo, se hagan entonces las colectas Como se ve, ya los primeros cristianos santificaban el primer día de la semana, o sea, el domingo, sustituyéndolo al sábado del Antiguo Testamento. Cf. Jn. 20, 1 y nota Y cuando yo haya llegado, a aquellos que vosotros tuviereis a bien, los enviaré con cartas, para que lleven vuestro don a Jerusalén; y si conviene que vaya también yo, irán conmigo
Planes de viaje
Iré a veros después de recorrer la Macedonia; pues por Macedonia tengo que pasar Y puede ser que me detenga entre vosotros y aun pase el invierno; para que me despidáis a dondequiera que vaya El Apóstol pasó el invierno en Corinto (Hch. 20, 1-3) Porque esta vez no quiero veros de paso, y espero permanecer algún tiempo entre vosotros, si el Señor lo permite Me quedaré en Éfeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto una puerta grande y eficaz, y los adversarios son muchos Si Timoteo llega, mirad que esté entre vosotros sin timidez, ya que él hace la obra del Señor lo mismo que yo Que nadie, pues, le menosprecie; despedidle en paz para que venga a mí, porque le estoy esperando con los hermanos En cuanto al hermano Apolo, mucho le encarecí que fuese a vosotros con los hermanos, mas no tuvo voluntad alguna de ir ahora; irá cuando tenga oportunidad
Exhortaciones y saludos
Velad; estad firmes en la fe; portaos varonilmente; confortaos Todas vuestras cosas se hagan con amor Os exhorto, hermanos –porque conocéis la casa de Estéfanas, que es primicias de Acaya y que se han consagrado al servicio de los santos– , Estéfanas, Fortunato y Acaico eran los mensajeros enviados por los corintios a San Pablo que también vosotros os pongáis a disposición de ellos y de todo el que colabore y se afane Me regocijo de la llegada de Estéfanas, Fortunato y Acaico; porque ellos han suplido vuestra falta, recreando mi espíritu y el vuestro. Estimádselo, pues, a hombres como ellos Os saludan las Iglesias de Asia. Os mandan muchos saludos en el Señor, Aquila y Prisca, junto con la Iglesia que está en su casa Aquila y Priscila le habían dado hospedaje en Corinto y están ahora con él en Éfeso. Véase sobre estos cónyuges ejemplares, Hch. 18, 2 y 26 y notas; Rm. 16, 3 y 5 Os saludan todos los hermanos. Saludaos unos a otros en ósculo santo Va la salutación de mi propio puño: Pablo Véase 2 Ts. 3, 17. La firma de propio puño era sello de autenticidad Si alguno no ama al Señor, sea anatema. ¡Maran-atha! Maran-atha, palabras arameas que significan: Nuestro Señor viene. Así se saludaban los primeros cristianos para prepararse a la segunda venida del Señor. Véase Ap. 22, 20: “Ven, Señor Jesús”. Según la Didajé o Doctrina de los Apóstoles esta palabra formaba parte del rito de la Eucaristía. Cf. 10, 17 ss. y nota. El escritor judío Klausner ha hecho la siguiente observación a este respecto: “Para los primeros cristianos esta parusía de Jesús y su palabra de saludo era Marana tha (¡Ven, Señor nuestro!), y no Maran atha (Nuestro Señor ha venido)” La gracia del Señor Jesús sea con vosotros Mi amor está con todos vosotros, en Cristo Jesús.

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