1Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírlo2 Mas los fariseos y los escribas murmuraban y decían: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”3 Entonces les dirigió esta parábola:4 “¿Qué hombre entre vosotros, teniendo cien ovejas, si llega a perder una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el desierto, para ir tras la oveja perdida, hasta que la halle?Empiezan aquí las tre s parábolas llamadas de la misericordia, en que Jesús nos muestra, como una característica del Corazón de su Padre, la predilección con que su amor se inclina hacia los más necesitados, contrastando con la mezquindad humana, que busca siempre a los triunfadores5 Y cuando la hallare, la pone sobre sus hombros, muy gozoso,6 y vuelto a casa, convoca a amigos y vecinos, y les dice: “Alegraos conmigo, porque hallé mi oveja, la que andaba perdida”7 Así, os digo, habrá gozo en el cielo, más por un solo pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse”
La dracma perdida
8 “¿O qué mujer que tiene diez dracmas , si llega a perder una sola dracma, no enciende un candil y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la halla?La dracma equivale a un peso argentino9 Y cuando la ha encontrado, convoca a las amigas y las vecinas, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido”10 Os digo que la misma alegría reina en presencia de los ángeles de Dios, por un solo pecador que se arrepiente”Si para nuestro corazón, tan pobre, es un gozo incomparable pre senciar la conversión de un amigo que había perdido la fe, ¿qué será esa alegría de los ángeles, que hallan corta la eternidad para alabar y querer y bendecir y agradecer?
El hijo pródigo
11 Dijo aún: “Un hombre tenía dos hijos ,La parábola del hijo pródigo es sin duda una de las más bellas y trascendentales revelaciones del Corazón misericordioso del Padre Celestial. Todos somos hijos pródigos, pecadores. En la primera parte describe Jesús la separación de Dios por parte del hombre; en la segunda, la vuelta del pecador a Dios; en la tercera, el recibimiento del pecador por parte del Padre. Algunos expositores antiguos y modernos refieren la parábola a la vocación de los gentiles, figurando el hijo menor a éstos, y el mayor, a los judíos. Falta, empero, el elemento esencial, pues ni Israel pudo llamarse fiel como el hijo mayor, ni puede decirse que hubiese en la gentilidad un alejamiento y una vuelta al hogar, pues nunca había estado en él (Ef. 2, 12; cf. Is. 54, 1 y nota). La enseñanza de esta parábola es, pues, eminentemente íntima e individual como en 5, 32 y en la perícopa de Jn. 8, 1-11 (que según Joüon y otros corresponde también a Lucas. Cf. 21, 38 y nota). Véase el comentario al v. 28 y los vv. 1-3, que muestran claramente la ocasión en que Jesús habló y lo que quiso enseñar. Darle un sentido histórico sería desviar la atención de su inmenso significado espiritual, infalible para convertir a cualquier pecador que no esté perdido por la soberbia. Cf. Jn. 6, 37; Sant. 4, 6; 1 Pe. 5, 512 el menor de lo cuales dijo a su padre: “Padre, dame la parte de los bienes, que me ha de tocar”. Y les repartió su haber13 Pocos días después, el menor, juntando todo lo que tenía, partió para un país lejano, y allí disipó todo su dinero, viviendo perdidamente14 Cuando lo hubo gastado todo, sobrevino gran hambre en ese país, y comenzó a experimentar necesidad15 Fue, pues, a ponerse a las órdenes de un hombre del país, el cual lo envió a sus tierras a apacentar los puercos16 Y hubiera, a la verdad, querido llenarse el estómago con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba17 Volviendo entonces sobre sí mismo , se dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me muero de hambre!La vuelta del pecador a Dios comienza siempre con el serio entrar en sí mismo, porque sin ello “la fascinación de la bagatela nos oculta los verdaderos bienes” (Sb. 4, 12). “La tierra está llena de desolación, dice el profeta, porque no hay quien se concentre en su corazón” (Jr. 12, 11). Para esto nos envía Dios la prueba saludable del dolor que nos obliga a meditar, si es que no queremos entregarnos a la desesperación. Entonces, la Palabra de Dios es el instrumento de la sabiduría que transforma el corazón mediante la luz. Véase Pr. 4, 23; 22, 17; Si. 1, 18; 24, 37; 37, 21; 39, 6; 51, 28; Sal. 1, 1ss; 18, 8; Jr. 24, 7; 30, 21; Bar. 2, 31; Ez. 36, 26; Mt. 15, 19; Lc. 6, 45; Hb. 13, 9, etcEl hijo pródigo vuelve a casa
Gustave Doré (1832-1883), La Grande Bible de Tours (Alfred Mame et fils, Tours, 1866)
The Doré Bible Illustrations (Dover Publications, 1974) — Digitalizaciones facilitadas por Rev. Felix Just, S.J.18 Me levantaré, iré a mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y delante de ti19 Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Hazme como uno de tus jornaleros”Hazme como uno de tus jornaleros: Notemos que esto se propone decirlo el hijo, y es una prueba de la humildad necesaria en la conversión. Pero cuando está ante el padre, ya no alcanza a decir esas palabras (v. 21), porque éste se lo impide con el estallido de su amor generoso (v. 22). ¡Qué bien predica aquí el “misionero” Jesús, para hacernos comprender lo que es el Corazón de “su Padre y nuestro Padre”! (Jn. 20, 17). Él no impone su Santo Espíritu; pero, apenas lo deseamos, nos lo prodiga (Lc. 11, 13 y nota), junto con su perdón y sus favores, como si el beneficiado fuera Él. Quien descubre así lo que es Dios –como lo habrá sentido Abrahán cuando el ángel le detuvo el brazo en el sacrificio de Isaac– ¿qué podrá ya pedir o esperar del mundo?El hijo pródigo en brazos de su padre
Gustave Doré (1832-1883), La Grande Bible de Tours (Alfred Mame et fils, Tours, 1866)
The Doré Bible Illustrations (Dover Publications, 1974) — Digitalizaciones facilitadas por Rev. Felix Just, S.J.20 Y levantándose se volvió hacia su padre. Y cuando estaba todavía lejos, su padre lo vio, y se le enternecieron las entrañas, y corriendo a él, cayó sobre su cuello y lo cubrió de besosCuando estaba todavía lejos: Jesús revela aquí los más íntimos sentimientos de su divino Padre que, lejos de rechazarnos y mirarnos con rigor a causa de nuestras miserias y pecados, nos sale a buscar cuando estamos todavía lejos. Notemos que si Adán se escondió después del pecado (Gn. 3, 8 s.) fue porque no creyó que Dios fuese bastante bueno para perdonarlo. Es decir que el disimulo y el miedo vienen de no confiar en Dios como Padre. Por donde vemos que la desconfianza es mucho peor que el pecado mismo, pues a éste lo perdona Dios fácilmente, en tanto que aquélla impide el perdón y, al quitarnos la esperanza de conseguirlo, nos aparta de la contrición, arrastrándonos a nuevos pecados, hasta el sumo e irremediable pecado de la desesperación, que es el característico de Caín (Gn. 4, 3), de Judas (Mt. 27, 3-5) y del mismo Satanás. También la mentira viene de la desconfianza, pues si creyéramos en la bondad de Dios, que nos perdona lisa y llanamente, total y gratuitamente, no recurriríamos a buscar excusas por nuestros pecados, ni nos sería doloroso, sino al contrario, muy grato, declararnos culpables para sentir la incomparable dulzura del perdón (véase Sal. 50, 10 y nota). El que duda de ser perdonado por sus faltas, ofende a Dios mucho más que con esas faltas porque lo está tratando de falso, ya que ese divino Padre ha prometido mil veces el perdón, haciéndonos saber que “Él es bueno con los desagradecidos y malos” (6, 35). Hay en esto también una enseñanza definitiva dada a los padres de familia, para que imiten más que nadie, en el trato con sus hijos, la misericordia del Padre Celestial (cf. 6, 36 y nota), y sepan que los inducen a la mentira, más que a la contrición, si usan un rigor inexorable que les haga dudar de su perdón21 Su hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo”22 Pero el padre dijo a sus servidores: “Pronto traed aquí la ropa, la primera, y vestidlo con ella; traed un anillo para su mano, y calzado para sus pies;23 y traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y hagamos fiesta:24 porque este hijo mío estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado”. Y comenzaron la fiesta25 Mas sucedió que el hijo mayor estaba en el campo. Cuando, al volver llegó cerca de la casa, oyó música y coros26 Llamó a uno de los criados y le averiguó qué era aquello27 Él le dijo: “Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha matado el novillo cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo”28 Entonces se indignó y no quería entrar. Su padre salió y lo llamóEl hijo mayor, que no podía comprender la conducta del padre para con el menor, viene a estar más lejos de Dios que su hermano arrepentido. Él es imagen de quienes, creyéndose usufructuarios exclusivos del reino de Dios, se sienten ofendidos cuando Dios es más misericordioso que ellos. Por eso el hijo “justo” recibe una reconvención, mientras su hermano pecador goza de la dicha de ser acogido festivamente por su padre y, al sentirse perdonado, crece en el amor (véase 7, 47). Nótese que esta parábola fue dirigida a los fariseos, como se ve en los vers. 1-329 Pero él contestó a su padre: “He aquí tantos años que te estoy sirviendo y jamás he transgredido mandato alguno tuyo; y a mí nunca me diste un cabrito para hacer fiesta con mis amigos30 Pero cuando tu hijo, éste que se ha comido toda su hacienda con meretrices, ha vuelto, le has matado el novillo cebado”31 El padre le dijo: “Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo32 Pero estaba bien hacer fiesta y regocijarse, porque este hermano tuyo había muerto, y ha revivido; se había perdido, y ha sido hallado”.
v. 1CCC(¶589)Dives In Misericordia(§14)Misericordiae Vultus(§9)Redemptoris Missio(§14)Tertio Millennio Adveniente(§7)
v. 2CCC(¶589)Dives In Misericordia(§14)Misericordiae Vultus(§9)Mystici Corporis Christi(§10·§22·§23)Redemptoris Missio(§14)Tertio Millennio Adveniente(§7)
v. 3Preguntas(Si Dios me ama)Dives In Misericordia(§3·§6·§14)Misericordiae Vultus(§9)Redemptoris Missio(§13·§14)Tertio Millennio Adveniente(§7)
v. 4Preguntas(Si Dios me ama)Dives In Misericordia(§3·§6·§14)Lebanon(§28)Lumen Gentium(§28)Miserentissimus Redemptor(§14)Misericordiae Vultus(§9)Reconciliatio Et Paenitentia(§29)Redemptoris Missio(§13·§14)Sacerdotalis Caelibatus(§94)Tertio Millennio Adveniente(§7)
v. 5Preguntas(Si Dios me ama)Dives In Misericordia(§3·§6·§14)Lebanon(§28)Lumen Gentium(§28)Misericordiae Vultus(§9)Reconciliatio Et Paenitentia(§29)Redemptoris Missio(§13·§14)Tertio Millennio Adveniente(§7)
v. 6Preguntas(Si Dios me ama)Dives In Misericordia(§3·§6·§14)Lebanon(§28)Lumen Gentium(§28)Misericordiae Vultus(§9)Reconciliatio Et Paenitentia(§29)Redemptoris Missio(§13·§14)Tertio Millennio Adveniente(§7)
v. 7CCC(¶545)Summa (EN)(I 20.4·I 113.7)Preguntas(Si Dios me ama)Africae Munus(§99)Dives In Misericordia(§3·§14)Evangelii Gaudium(§15)Gaudete In Domino(§52)Lebanon(§28)Lumen Gentium(§28)Misericordiae Vultus(§9)Redemptoris Missio(§13·§14)Tertio Millennio Adveniente(§7)
v. 8Amoris Laetitia(§21)Dives In Misericordia(§3·§6·§14)Laborem Exercens(§26)Misericordiae Vultus(§9)Mulieris Dignitatem(§13)Redemptoris Missio(§13·§14)
v. 9Amoris Laetitia(§21)Dives In Misericordia(§3·§6·§14)Laborem Exercens(§26)Misericordiae Vultus(§9)Mulieris Dignitatem(§13)Redemptoris Missio(§13·§14)